Murió Whitney Houston, voz del gospel que atravesó el infierno de la droga – En ProtestanteDigital

La cantante que popularizó el tema “I Will Always Love You” había reservado una suite en el Beverly Hilton porque iba a acudir a la fiesta que había organizado allí el productor musical Clive Davis, un evento anual que reúne a muchas estrellas de la canción y que se celebra en la víspera de la gala de los Grammy.

Houston tenía 48 años de edad (nació en 1963 en Nueva Jersey). Fue encontrada el pasado sábado con la cabeza sumergida bajo el agua en la bañera de su habitación y se especula con que pudiera haberse quedado dormida por los efectos de un ansiolítico que utilizaba habitualmente para calmar la ansiedad, con prescripción facultativa.

La policía encontró botes con pastillas de este medicamento (Xanax) en su habitación del hotel, pero no hallaron sustancias ilegales.

UNA NIÑA EVANGÉLICA

Whitney asistió desde niña a una iglesia evangélica bautista,  donde pronto destacó por su voz, participando en el coro de la iglesia (la “New Hope Baptist Church” de Newark, New Jersey) . Su madre, la directora del coro, era Cissy Houston, cantante de góspel que hizo coros para la Reina del soul, Aretha Franklin, y prima de Dionne Warwick.

Ya a la edad de 11 años Whitney participó como cantante solista en Convenciones bautistas; hasta que fue “cazada” por un buscatalentos en 1983 que la llevó a la cima de la fama como cantante profesional.

EN LA CIMA Y EL ABISMO

En la cima de su carrera la estrella protagonizó en 1992 junto al actor Kevin Costner la película “El guardaespaldas”, que supuso un enorme éxito –posiblemente el mayor de su carrera.

Y no fue por su actuación, sino porque  con “El guardaespaldas” llegó la canción “I Will Always Love You ” (original de la cantante country Dolly Parton), ganadora de un Oscar, que  ha pasado a la memoria colectiva como una de las bandas sonoras más célebres de la historia.

Pero  a partir de entonces inició una cuesta abajo en la que influyó decisivamente, como un enorme lastre, su matrimonio tormentoso con Bobby Brown en 1992 . Su boda implicó además una paulatina separación de Whitney respecto a su madre, a la que hasta ese momento se había sentido muy unida. El divorcio legal con su marido llegó en 2007 tras una progresiva decadencia profesional y en su estilo de vida.

Durante todo este tiempo, llegó a ser pública su reconocida adicción a las drogas, llegando a la ruina social, económica y moral, pasando días viviendo en lugares marginales y en callejones abandonados de Estados Unidos junto a adictos de la heroína y el crack, donde fue fotografiada.

UN CAMBIO ESPIRITUAL

En 2009 inició una nueva etapa de su vida, centrada en su rol como madre y como hija: “Mi madre se está haciendo mayor. Quería pasar más tiempo con mi madre porque durante la mayor parte de mis veinte y treinta años estaba ocupada en grabar discos, viajar por el mundo y ser un icono, ya sabes, lo que sea que signifique eso”, declaró entonces.

Después de atravesar la crisis profunda que siguió a su complejo y polémico divorcio con Bobby Brown, Whitney se refugió en su fe en Jesús,  volviendo a las raíces de su vida musical, surgida del gospel en iglesias evangélicas. “Le doy gracias a Dios por el cariño de la gente, pero también por Su amor. Le agradezco que nunca me abandonara” fueron sus declaraciones a los medios.

Lanzó en esta época “Te miro a Tí” (I Look to You), el que a la postre ha sido su último álbum. En él hablaba de mirar a Dios en medio de las circunstancias difíciles de la vida. Whitney Houston hablaba en una de las canciones que tras “estar perdida” con la vida sumida en “tormentas de invierno”, necesitaba “que tu luz brille sobre mi”, y entonces “te miro a Ti”. No volvió a ser la misma de antes, pero con sus crisis y altibajos, se mantuvo aferrada a la confianza de permanecer estable dentro de su nueva etapa. Y muchos esperaban que llegase a serlo, de hecho deja varios importantes proyectos artísticos nuevos, unos terminados y otros en proceso.

SU ÚLTIMA CANCIÓN: “JESÚS ME AMA”

La última canción que interpretó Whitney Houston en público fue la noche antes de morir, y llevaba el título de «Sí, Jesús me ama».

Fue el viernes pasado, en un concierto de Kelly Price & Friends previo a la entrega de los Grammy. Se subió al estrado espontáneamente y entonó la canción a capela.

Esta canción es un clásico que ya Whitney cantaba siendo niña, que volvió a cantar tras “renacer” de la ruina espiritual; y que ha sido finalmente su canción de despedida de este trozo de la eternidad que llamamos vida.

Quienes la admiraban como artista y son creyentes seguro que esperan que allá donde ahora está pueda experimentar la realidad del título de esta última canción.

Fuente: http://www.protestantedigital.com/ES/Cultura/articulo/14101/Murio-whitney-houston-voz-del-gospel-ue-atraveso

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Algunas anotaciones a propósito del Gospel:

Witney Houston cantó Gospel; originado en el canto negro-espiritual como se le denominó genéricamente. Pero, ¿de dónde proviene ese género musical?

A lo largo del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX (http://es.wikipedia.org/wiki/Espiritual) los esclavos de los estados del sur de los Estados Unidos, fueron creando un cancionero propio, en un primer momento muy relacionado con los cantos de trabajo de origen africano, usualmente en forma de call and response, con inflexiones, sílabas extendidas y cuartos de tono.  Existen descripciones de estos cantos negros espirituales desde fechas tan tempranas como 1839. En 1867, se publicó la primera colección de estos cantos espirituales negros, “Slave songs of the United States”. Se discutió sobre si se trataba de una creación, como género, de los esclavos negros, aunque varios autores (entre ellos, George Pullen Jackson), ya en el primer tercio del siglo XX, demuestra que los espirituales negros y los blancos tenían una fuente común, que se hallaba en las iglesias blancas rurales y en las reuniones al aire libre (camp meetings), y que se produjo un intercambio de influencias entre ambas comunidades.

Los espirituales negros no responden necesariamente a una estructura única, la forma usual de los mismos es la del responso, costumbre de origen escocesa, transmitida básicamente a través de los libros de himnos de Isaac Watts, cuya edición de 1820 fue muy popular en el sur de la Unión. Para mejor aprenderse los textos, el predicador cantaba un verso, y la congregación lo repite después.

Del mismo modo, el solista cantaba (a veces improvisando) un verso y el coro lo repetía, de forma rítmica. El ritmo solía ser alegre en los llamados “cantos de jubileo” (jubilee). No obstante, existen también espirituales impregnados de melancolía, lentos e intensos, con textos relacionados con la muerte o con los sufrimientos de Jesucristo (con quien se identifica el cantante). Los espirituales son cantos, en cualquier caso, colectivos, con independencia de que existan voces solistas. Algunos autores sostienen que los espirituales eran, casi siempre, canciones de protesta en clave.

Las primeras recopilaciones de espirituales recogían todos en modo menor, aunque la realidad es que, en la mayor parte de los casos, se trataba de temas en modo mayor con ciertas notas, especialmente la séptima, un semitono más grave que las correspondientes de la escala mayor natural: estas notas rebajadas un semitono se conocen como blue notes, por ser características del Blues.

Algunos rasgos característicos de este tipo de cantos, son:

  • Composición de textos a partir de frases breves, repetidas y entrecortadas de invocaciones;
  • Adición de estribillos y de leit-motiv (una breve fórmula melódica-verbal que se repite en las estrofas y en el estribillo, con carácter de interjección); se trata de una de las innovaciones de los espirituales dentro del canto religioso.
  • Reescritura en un estilo popular de las tribulaciones, imágenes y símbolos bíblicos y evangélicos;
  • Acompañamiento de movimientos corporales y de corros en que se arrastra el paso.

El contenido religioso de los espirituales constituye una verdadera crónica de la vida de los oprimidos. Hablan del sufrimiento y de las pruebas que hay que superar, de las luchas por la liberación, de la búsqueda de un hogar…

A partir de 1930, las grabaciones de cantos espirituales fueron relativamente escasas y, cuando se hicieron, adoptaron ya un formato claramente Gospel. El interés de los negros por los espirituales, en las iglesias, disminuyó a lo largo de la primera mitad del siglo XX, sustituido por el góspel que recoge sus elementos esenciales.

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¿Para qué sirven los partidos políticos protestantes? – De Juan Stam

Esta semana hemos estado trabajando en la elaboración de un artículo de opinión que problematiza la incursión política-electoral de parte de grupos religiosos de corte evangélico (pentecostal). Mismo que surge del interés que nos suscita dicho fenómeno, en virtud de su notable impacto en la vida política costarricense. Fenómeno que, según creemos, no ha recibido la atención suficiente de parte de las ciencias sociales, de la filosofía, etc. Así pues, nuestro deseo es empezar a encontrar algunas pistas y generar algunos intentos, principalmente sociológicos, de explicación del mismo.

Durante el proceso de elaboración del artículo, mismo que se encuentra practicamente terminado, encontramos otro artículo (también de opinión) muy sugerente sobre el tema elaborado por el teólogo Juan Stam, mismo que nos pareció pertinente compartir, a manera de intoducción al problema, antes que el propio. Lo interesante del caso es que, aún cuando Stam habla fundamentalmente desde la teología y nosotros desde la sociología, las opiniones de ambos artículos resultan bastante coincidentes.

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¿Para qué sirven los partidos políticos protestantes?

 Martín Lutero dijo una vez que preferiría ser gobernado por un turco competente que por un cristiano incompetente. Hoy podríamos decir que para gobernar, mejor un ateo honesto que un protestante corrupto (los hay), mediocre o confundido (también los hay, y muchos). Ser “cristiano” y ser estadista y buen gobernante no siempre coinciden.

¿Qué significa ser “un diputado cristiano”? No basta con sólo ser miembro de una iglesia protestante, o hasta pastor. Un verdadero cristiano es un discípulo, un seguidor de Jesucristo hasta las últimas consecuencias. Ser realmente cristiano en el terreno político significa luchar a favor de la visión bíblica de justicia, igualdad, amor y vida digna para todos. Significa luchar contra el prejuicio, la corrupción y la violencia, en todas sus formas. ¿Habrá uno solo de nuestros políticos “evangélicos” que esté comprometido con ese proyecto cristiano? Por eso prefiero hablar de “partidos protestantes” en vez de cristianos o evangélicos. Por sus frutos los conoceréis, dijo Jesús, y no por su retórica ni su afiliación eclesiástica. En su comportamiento político estos partidos están muy lejos de poder llamarse cristianos o evangélicos.

He conocido diferentes partidos protestantes de Centroamérica, y ninguno ha tenido una teología bíblica y cristiana de la tarea política. Parecen ignorar el significado político de la teología de la creación, el mensaje bíblico del Año de Jubileo, y la ética social de los profetas hebreos, de Juan el Bautista y de Jesús. Aun entre los que se llaman “pentecostales”, pocos toman en serio el modelo pentecostal de vida comunitaria, donde tenían todas las cosas en común y “nadie decía ser suyo propio nada de lo que tenía”. El mensaje político de la Biblia es sumamente profundo y radical, pero en cuanto a estos partidos, no tiene nada que ver. Por eso, tampoco ofrecen algún programa integral o alguna alternativa al oficialismo del momento, porque no son suficientemente cristianos, evangélicos y bíblicos. Su fracaso peor es su fracaso teológico.

Algo muy peculiar de estos partidos es que ignoran por completo la clásica doctrina evangélica de separación de iglesia y estado. Su error es doble: malentienden la relación entre fe y política y malentienden también la relación entre la iglesia y el estado. En Costa Rica, esto nos ha llevado a la increíble anomalía de un partido protestante que defiende a capa y espada el estado confesional católico de la nación. Esas son contradicciones del tamaño de cualquier megaiglesia.

En realidad, la agenda de estos partidos es muy limitada. En primer lugar está defender los intereses de sus iglesias, por lo que tienden a ser muy sumisos a las autoridades nacionales en el poder. En segundo lugar están ciertos temas sexuales, sobre todo aborto y homosexualidad, manejados muy superficialmente y con un fanatismo que ayuda a consolidar su bloque electoral protestante. El primer objetivo es una especie de egoísmo colectivo que no justifica su presencia en el gobierno, y para el segundo objetivo hay otros que promueven vigorosamente esas causas sin necesidad de partidos y diputados protestantes.

En realidad estos no son partidos cristianos ni evangélicos, sino partidos sectaristas. Sus diputados quedan electos porque hay una población protestante suficientemente grande para votar monolíticamente por ellos. Pero si un cristiano o una cristiana tiene una visión para el país y quiere servir a la patria, debe lanzarse de candidato en uno de los partidos nacionales y competir electoralmente con los demás aspirantes. Con los diputados protestantes que hemos tenido, lo más seguro es que ni llegan a postularse, mucho menos quedarían electos. Y qué bueno sería que tuviéramos auténticos cristianas y cristianas, competentes y bien informados, presentes como levadura y semilla en los clásicos partidos del país.

Es claro que nuestros países necesitan urgentemente una voz profética y un aporte cristiano a la política. Pero no lo van a recibir de estos partidos sectarios seudo-evangélicos. Estos partidos son un anti-testimonio.

Publicado originalmente el 27 de diciembre del 2012 en el Blog de Juam Stam: http://www.juanstam.com/dnn/Default.aspx?tabid=110&EntryID=347

 

En resumir, para responder a nuestra pregunta:

¿Para qué sirven los partidos políticos protestantes?

La respuesta es fácil. Sirven para elegir diputados protestantes.

¿Y para qué sirven esos diputados protestantes?

¡Qué pregunta más difícil!

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Sección “Textos Sagrados”

Los Fragmentos del Canon Pali, compartidos un par de días atrás, inauguran nuestra sección de Textos Sagrados. Se trata de textos pertenecientes a algunas de las más importantes tradiciones religiosas de la historia, tales como el budismo, el hinduismo, el judaísmo, el Islam, el cristianismo, y por supuesto, la tradición maya.

La mayor parte de las tradiciones que se retomarán nacieron durante el período histórico que el filósofo Karl Jaspers ha denominado tiempo axial (800 y 200 a.C.), tiempo en donde, según el susodicho, tuvo lugar la cimentación espiritual de la humanidad. Al respecto argumenta Jaspers:

En el aquel tiempo se aglomeran las cosas extraordinarias. En China vivieron Confucio y Laotsé, surgieron todas las direcciones de la filosofía china, pensaron Mo-ti, Chuantsé, Liedsi y otros innumerables; en la India surgieron los Upanishads, vivió Buda, se desarrollaron todas las posibilidades filosóficas hasta el escepticismo y el materialismo hasta la sofistica y el nihilismo, como en China; en Irán enseñó Zaratustra la exigente imagen del mundo de la lucha entre el bien y el mal; en Palestina aparecieron los profetas, desde Elías, pasando por Isaías y Jeremías, hasta el segundo Isaías; Grecia vio a Homero y a los filósofos Parménides, Heráclito, Platón, a los trágicos, a Tucídides y Arquímedes. Todo lo simplemente indicado con tales nombres se desarrolló en aquellos pocos siglos, con aproximada simultaneidad, en China, India y Occidente, sin que estos pueblos supieran unos de otros. (p. 83)

Sin duda se trata de coincidencias extraordinarias las que señala Jaspers, y aunque ameritan una mayor profundización histórica y antropológica, es cierto que constituyen acontecimientos medulares en el devenir histórico de la humanidad, ya que, como dice el mismo Jaspers, en aquella época se produjeron las categorías fundamentales con las que pensamos hasta hoy, afirmación que a nuestro juicio, y a la luz de las investigaciones sociales y de la filosofía, goza de mucha plausibilidad.

Así pues, la intención de compartir este tipo de textos esta animada por la importancia histórico/antropológica de los mismos. Creemos que desde una lectura radicalmente laica de las tradiciones religiosas es posible descubrir o redescubrir en ellas aquellos contenidos que comporten valores antropológicos universales; mismos que conviene tener presentes hoy día. No se trata, sin embargo, de llevar a cabo una lectura romántica de estas tradiciones espirituales, sino de hacer un esfuerzo hermenéutico por identificar los valores, contenidos éticos, espiritualidades, etc., presentes en las mismas. Conocer es, para el ser humano, conocerse, y parte de este proceso implica volver los ojos al pasado, a otras culturas, y tratar de identificar aquellos momentos de la historia que nos llevaron a ser lo que somos. Finalmente, se trata de un esfuerzo de romper con el mito moderno/occidental de la total ruptura con el pasado, y de la total separación de nuestra cultura respecto otras culturas, igualmente valiosas, y tan llenas de defectos y virtudes como la nuestra.

En el Centro de Estudio de las Tradiciones de Sabiduría (CETR) cuya sede se localiza en España, han venido realizando esfuerzos muy interesantes por llevar a cabo lo que sus miembros han denominado: lecturas simbólicas de textos sagrados. Estas lecturas, según su propio decir, tratan de recuperar el legado de sabiduría y espiritualidad de las diferentes tradiciones religiosas, pero con la plena conciencia de que estas tradiciones expresan modos de vida, sistemas de organización, modos de interpretación, etc., bastante diferentes a los nuestros e imposibles de recuperar tal cuales. Respecto de la lectura de los textos señalan:

Eso comporta una transformación epistemológica con relación a los mitos, símbolos y narraciones sagradas: de leerlos bajo lo que llamamos “epistemología mítica”, es decir, como descripciones fidedignas, con garantía divina, de la realidad –de nuestra realidad cotidiana y de la absoluta-, a leerlos como creaciones humanas que modelan las realidades, según unos modos de vida, para poderlas expresar y vivir.

A esto nos referíamos cuando mencionamos que se trata de un ejercicio hermenéutico; un esfuerzo deliberado de interpretación de los valores humanos presentes en producciones axiológicas de carácter mítico. A continuación compartimos uno de los ejercicios de lectura simbólica realizados en el CETR:

Bibliografía: Jarpers, K. (1970). La filosofía: desde el punto de vista de la existencia. Fondo de Cultura Económica, México D.F., México.

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Fragmentos del Canon Pali

El Canon Pali, también conocido como Tipitaka, es el canon temprano más completo que se conserva dentro de la tradición budista Theravāda (una de las escuelas del budismo original). Recordemos que nuestro conocimiento de las enseñanzas del Buda se levanta – pincipalmente – sobre varios cánones de escrituras, mismos que recogen enseñanzas que durante muchísimos años fueron trasmitidas oralmente por la Sangha. Se cree que el Canon Pali es uno de los cánones que reproduce de manera más fidedigna las enseñanzas de Buda.

Se le conoce como Tipitaka, o Tres Cestos, porque los escritos que le componían se guardaban en tres cestos diferentes.

Fuente de referencia: Harvey, P. (1998). El Budismo. Cambrige University Press, España.

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Educación religiosa, ¿para qué? – Un artículo de José Mario Méndez

Hace algún tiempo nos preguntábamos “¿Para qué clases de religión en Costa Rica?”, cuestión que transparentemente alude a la pertinencia de la educación religiosa en nuestro país, y sobre la cual hemos querido dedicar algunas reflexiones en este espacio. En el aquel momento poníamos en duda la pertenencia de la impartición dicha materia a la luz de la diversidad cultural y religiosa de la Costa Rica de hoy, y señalábamos:

Consideramos que, aún cuando obstinadamente se insistiese en mantener la enseñanza de la religión, al menos sería sensato orientarla desde una perspectiva no-confesional. Podría comprender, por ejemplo, la historia de las “grandes religiones” (sin omitir sus abusos), haciendo especial énfasis en lo que tengan de ecuménicos y humanistas sus respectivos sistemas axiológicos. De la misma forma, podría – más bien, debería – acercarse a las tradiciones espirituales vinculadas a los pueblos originarios de América, por ejemplo la maya, culturalmente tan cercana a nosotros. Sólo por mencionar algunas alternativas.

Evidentemente nuestra duda respecto de la conveniencia o deseabilidad de la impartición de dicha materia, en las escuelas y colegios del sistema de ecuación pública, iba dirigida – principalmente – a la enseñanza confesional (católica apostólica romana) de la religión, misma que convierte a esta materia en una suerte de extensión del catecismo católico. Situación que – sin mayores miramientos o temores – denunciamos como inapropiada y excluyente, esto a la luz de la diversidad de creencias y modos de vida presentes a lo largo y ancho de Costa Rica.

A propósito de esta polémica encontramos un artículo escrito por el actual director de la Escuela Ecuménica de la Universidad Nacional, José Mario Méndez Méndez, intitulado “Educación religiosa, ¿para qué?” . En este el autor defiende una enseñanza de la religión, y por ende su pertinencia, que implique un conocimiento crítico de las distintas tradiciones religiosas, orientado a identificar y valorar en ellas posibilidades para humanizar la convivencia […]. Postura que nos resulta bastante sugerente, lo que nos motiva a compartirla hoy con quienes nos leen; en aras, claro está, de implicar más voces en el debate. Ojalá podamos contar también con las de ustedes en nuestro blog.

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Educación religiosa, ¿para qué?

En el debate actual sobre la educación religiosa en Costa Rica se pueden identificar al menos cuatro posturas: la de quienes consideran que la escuela pública debe prescindir de toda forma de  educación religiosa; la de quienes creen que la educación religiosa debe mantenerse en la escuela y debe, además, conservar su carácter católico; la de quienes optan por una educación religiosa ecuménica, capaz de acoger los aportes de las tradiciones religiosas de quienes participan en los procesos educativos; la de quienes proponen una educación religiosa entendida como conocimiento crítico de las distintas tradiciones religiosas, orientado a identificar y valorar en ellas posibilidades para humanizar la convivencia, sin que importe si las personas que participan en los procesos educativos son o no creyentes.

Esta última postura parece ser la más adecuada para la escuela pública de Costa Rica, por ser este un país cada vez más multirreligioso y porque en nuestro contexto cada vez más personas dirigen sus búsquedas de sentido hacia “lugares” que están fuera de las religiones. Se trata de una educación religiosa que se hace cargo de las creencias y de las no creencias de las personas.

Y…, ¿para qué?: Para aprender a comprender críticamente y de forma propositiva el fenómeno religioso en Costa Rica y en el mundo; para identificar y valorar las posibilidades humanizantes de las tradiciones religiosas presentes en el país; para discernir los elementos deshumanizantes de tales tradiciones;  para mejorar la convivencia cotidiana, en la escuela y fuera de ella, de personas con distintas referencias religiosas y personas “no creyentes”; para comprender la forma en que las tradiciones religiosas han determinado a las culturas costarricenses; para aprender a respetar y valorar las razones para creer y las razones para no creer de quienes conviven en los ambientes educativos y en su entorno; para valorar las distintas miradas creyentes y no creyentes sobre la realidad, sobre el ser humano, sobre la vida, la muerte y la convivencia humana; para aprender a superar todas las formas de discriminación, especialmente aquellas originadas en la creencia o no creencia de las personas; para promover, desde las creencias y no creencias, un compromiso de lucha conjunta por causas compartidas como la paz, la justicia, la defensa del medio ambiente; para superar los dogmatismos religiosos y no religiosos que nos impiden establecer relaciones de paz.

No es necesario eliminar la educación religiosa de la escuela pública. Pero sí es impostergable transformarla en un ejercicio de convivencia, de producción de saberes fundados en el diálogo, en el conocimiento crítico de las tradiciones religiosas, y en experiencias de aprendizaje orientadas a humanizar la convivencia. La Sala Constitucional ha solicitado al Ministerio de Educación Pública modificar los planes de estudio de Educación Religiosa y considerar otro perfil de la persona educadora. Este es un buen momento para iniciar un diálogo honesto e inclusivo orientado a convertir la educación religiosa en un espacio inclusivo, del que nadie tenga que ausentarse (como sucede con cerca del 40% de los niños, niñas y adolescentes de este país) por causa de su creencia o no creencia.

* Tomado del Blog amigo “Sortilegios Educativos”, en donde se publicó el artículo el 16 de agosto del 2011.

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Agape CICDE: El significado de la Navidad desde la teología

Acompaña el Teólogo Ecuménico Francisco Avendaño:

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¿Son confiables las personas ateas?

“Si Dios ha muerto, todo está permitido”. Fiodor Dostoievski

De acuerdo con un estudio publicado el mes pasado en la Revista de la Personalidad y de la Psicología Social (Journal of Personality and Social Psychology), intitulado Do you believe in atheists? Distrust is central to anti-atheist prejudice, las personas ateas son las personas menos gustadas en los lugares donde existen mayorías religiosas, es decir, en la mayor parte del mundo.

El estudio sugiere que este prejuicio anti-ateo está particularmente motivado por la desconfianza, pero está no sería más que una explicación tautológica, antes bien tendríamos que preguntarnos: ¿Qué genera y activa tal desconfianza?

Es prácticamente de sentido común, al menos en el caso costarricense, el creer que las personas ateas, en tanto ateas, no tienen moral y que, en virtud de tal carencia, pueden hacer lo que se les venga en gana cuando les venga en gana. Estas no tendrían razón alguna para seguir y respetar normas sociales de convivencia, tales como el respeto a la vida, la cooperación, la solidaridad, etc. Una persona atea, al no creer en Dios, tampoco creería en el castigo divino, y por ende, tampoco se sentiría culpable por las consecuencias de sus acciones, pero: ¿Es acaso la coerción divina (la culpa y el castigo) el único y más deseable fundamento del comportamiento moral? ¿Son incapaces las personas ateas de establecer vínculos de cooperación y solidaridad, así como de tener algún tipo de comportamiento ético para desenvolverse en la vida social?

En la investigación a la que aludimos se plantearon una serie de preguntas y escenarios a 350 estadounidenses adultos y casi 420 estudiantes en Canadá. Los resultados arrojaron que según estas personas los ateos son el grupo social menos confiable, comparable con los violadores. Esto muy a pesar de que los ateos no representan un grupo organizado, numeroso, ni mucho menos homogéneo. A nivel político apenas se hacen sentir y tampoco realizan campañas (cuasi) religiosas para atraer personas a sus filas como si se tratasen de una nueva secta o religión.

Los autores del artículo de hecho señalan que esta creencia solamente puede ser el resultado de un prejuicio, no de expectativas racionales fundadas en la probable conexión entre religiosidad y comportamiento prosocial. Según ellos, la desconfianza mostrada hacia las personas ateas excede por mucho cualquier evidencia al respecto, así por ejemplo, equiparar moralmente los ateos con los violadores no tiene absolutamente ningún fundamento empírico. Además, según los autores, existen múltiples motivaciones para el comportamiento prosocial, de las cuales la creencia religiosa solamente parece ser una de ellas en contextos particulares, pero está lejos de ser la única fuente disponible. Las personas ateas no dependen de las creencias religiosas, al menos confesas, para comportarse de acuerdo a principio éticos de convivencia en sociedad.

De todas maneras, aún cuando existiese una fuerte correlación entre religión y comportamiento prosocial, esto no le daría sustento racional al prejuicio anti-ateo. Antes cabría preguntarse, tal como señala el artículo, qué acontece en las sociedades no-religiosas. La religión pudo haber sido alguna vez, tal como lo observó Durkheim, un  poderoso elemento de cohesión social, pero lo cierto es que en la actualidad no es la única fuente y en muchos lugares del planeta ha dejado de ser preponderante en este respecto. En los países escandinavos, señalan los autores, la religión ha pasado a ser una curiosidad histórica al tiempo que el Estado provee de los servicios más vitales a la ciudadanía. Diversas investigaciones han mostrado que en contextos como este los conceptos de justicia seculares son tan efectivos como la idea de un Dios que todo lo ve en la consecución de comportamientos prosociales.

Sin duda un tema que amerita una profunda discusión e indagación empírica en nuestro país y el mundo. Es menester recordar antes de despedirnos, que la religión, no obstante su potencial unificador, también ha sido un instrumento de profunda separación, un excelente vehículo del odio y la intolerancia, y como prueba de ello encontramos todas las guerras y masacres libradas en nombre de Dios, la exclusión manifestada hacia las personas sexualmente diversas, y ahora este prejuicio infundado, chispa del odio, en relación a las personas ateas. Recordemos que un prejuicio puede resultar mucho más dañino que el objeto del mismo.

A continuación les ofrecemos el artículo completo:

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