Don Fabricio, las iglesias y los Derechos Humanos – Dagoberto Núñez Picado

En una entrevista que un sacerdote católico –en la emisora Radio Fides—le hace a Don Fabricio Alvarado, uno de estos días (http://www.repretel.com/actualidad/fabricio-alvarado-fue-entrevistado-por-un-sacerdote-en-radio-fides-107621), le pregunta por el hecho que desencadenó su “cambio de religión” del catolicismo a la versión evangélica: ¿Cómo fue que derivó a su nueva confesión?

De entrada, ante esa pregunta, lo primero que uno piensa es que a Don Fabricio le asiste el derecho humano de militar en la religión que él quiera, según sus convicciones y experiencias de vida; ese es su derecho humano básico; para él es importante “congregarse”  y quiso hacerlo donde se sintiera mejor. Es valioso que Don Fabricio pudiera ejercer ese derecho en Costa Rica. Él se salió de una iglesia y entró a otra, en razón de su libertad de afiliación religiosa: él ejerció sus derechos. No renunció a ellos. Quedará para otro momento profundizar hasta qué punto ingresar a la empresa de Rony Chávez equivale a pasarse de iglesia, pero lo esencial aquí es destacar que Don Fabricio ejerció el derecho de nueva afiliación religiosa, según su entendimiento.

La pregunta por el “cambio de religión” cae en un contexto, en un país, en que poco más de la mitad de la población expresa ser católica y aquí imagino otra cuestión: aquel sacerdote quiere saber –legítimamente—cómo ocurrió aquello: no solo se trata de que perdieron a un importante feligrés, si no que –pensémoslo bien—el sacerdote podría estar preocupado por las razones que asisten a quienes abandonan el redil católico. Vale la preocupación, porque la migración religiosa hacia algunas de las versiones evangélicas del cristianismo, no es algo que pase desapercibido, al menos para un líder del catolicismo. También el sacerdote ejerce el derecho a conocer la respuesta de Don Fabricio, en el contexto de una conversación en una radioemisora católica. No renunció a sus derechos. Más bien se le sentía bastante “empoderado” en ellos.

La anécdota del cambio de religión de Don Fabricio, en el contexto del respeto a los Derechos Humanos, le remite a él a un acontecimiento doloroso de su ejercicio periodístico: Don Fabricio recibió amenazas en contra de su vida y sintió que un cambio en materia religiosa, era consecuente. Eso dice algo del acompañamiento que tuvo Don Fabricio en aquel trance: pero aquí lo importante para nosotros es que el hecho desencadenante –de su nueva orientación religiosa—aparece asociado al respeto y promoción de sus Derechos Humanos.

Yendo al punto no digo –para nada—que en las iglesias se experimente el ejercicio pleno de los Derechos Humanos, más bien tengo bastantes pruebas de que no es así: citemos, el derecho que hipotéticamente puede asistirle a un Obispo al que la jerarquía católica echa de su Diócesis y al que reclaman sus fieles, para recuperar su sede: no veremos a ese Obispo recurrir a ningún tribunal secular para –al menos—ventilar su caso. O ¿ante quién o qué tribunal puede reclamar el derecho de igualdad de trato, una mujer que con todos los requisitos para ejercerlo, aspira al sacerdocio, dentro del catolicismo? Dejémoslo aquí porque la lista promete ser bastante larga.

Socialmente el ejercicio de los Derechos Humanos en el marco del estado costarricense da pie a mujeres y hombres para que aspiren –aún dentro de las iglesias, como resulta ilustrativo en el caso de Don Fabricio—a operar en arreglo a las formulaciones de los Derechos Humanos; es decir, el contexto ciudadano, más amplio que el institucional religioso, da margen de maniobra para que, según las experiencias de vida del ciudadano, nadie lo obligue –por ejemplo—a tener que quedarse violentando su fuero interno, dentro de una iglesia en la que solo voluntariamente, cabría quedarse.

Pregunto, ¿no les parece raro qué alguien –como Don Fabricio—quien hace un ejercicio operativo y reciente de defensa de sus Derechos Humanos –en el seno de las iglesias– pretenda privar de derechos a otras personas que tienen la misma necesidad de que sus Derechos Humanos sean respetado? Aunque sea por otros motivos personales o grupales. Tal es la actitud que amenaza con sacar a toda la nación de los compromisos que nos une a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Parece que algo no calza.  Aun con el consejo en contrario de otros políticos renombrados del país, parece ser el tema en que Don Fabricio no ha variado, sustancialmente.

Podría dudarse sobre la diferencia entre el derecho a la libertad religiosa, como lo hizo Don Fabricio y  la del derecho al matrimonio gay en Costa Rica:  si manejamos el doble estándar, entonces estaríamos estableciendo una desigualdad odiosa porque si se ignoran o desprecian los derechos humanos –en cualesquiera de los dos casos—se estarían sembrando los “gérmenes de una profunda violencia social”. Esto fue dicho, por el recién declarado santo: el Papa Juan Pablo II, el día 2 de Enero de 1999, en conmemoración del cincuenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Karol Wojtyla comprendió cabalmente el asunto.

No veremos la hora en que las iglesias vuelvan el reflector de los Derechos Humanos hacia adentro, para curarse de males, si la sociedad y el Estado en que están, ignoran o desprecian los Derechos Humanos de cualesquiera de sus grupos, especialmente si no son los mayoritarios. El disfrute de los Derechos Humanos son la garantía democrática, por excelencia. Es decir, que también a las iglesias les conviene que nos mantengamos y aún más –hagamos realidad—la vivencia plena de los Derechos Humanos en nuestro país. Ergo, Don Fabricio, ¿por qué pretende sacarnos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos si usted ha experimentado lo importante que son para la sana convivencia? El examen de coherencia mínima, exige lo contrario.

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Pensando en el contexto electoral – Francisco Avendaño Herrera

Pensando en el contexto electoral

Por Francisco Avendaño Herrera[1]

La reiterada posición del candidato Fabricio Alvarado del Partido Restauración Nacional en relación con la Convención Americana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ofrece una clave de lectura para comprender los elementos más importantes en que se fundan sus aspiraciones para llegar a ser presidente de nuestro país. En la página 6A de La Nación del jueves 15 de febrero del 2018, afirma “estar dispuesto a convocar un referendo para qué el país decida si abandona la Convención Americana de los Derechos Humanos (Corte IDH),  que ordenó a Costa Rica reconocer el derecho al matrimonio de las parejas homosexuales, algo con que este político está en desacuerdo”. Como se explica en la misma página de La Nación: “La Convención de Derechos Humanos fue firmada en Noviembre de 1969 en San José de Costa  Rica, por lo que también se denomina Pacto de San José. En esta normativa hemisférica, 23 países se comprometen a respetar, por ejemplo, el derecho a la vida, a la integridad personal, a la no esclavitud, a la libertad personal, a la libertad de conciencia y de religión, a la libertad de pensamiento y de expresión, así como los derechos de los niños y la protección de la familia”.

Esta posición de don Fabricio que reniega de los compromisos jurídicos y políticos, una de las conquistas de nuestra humanidad, permite comprender su “ideología”; de hecho, constituye un buen ejemplo de esta. De hecho, muchos de sus seguidores utilizan la palabra “ideología” para demonizar lo que ellos, con el propósito precisamente de “demonizar”, denominan “la ideología   de género”. Denominan “ideología” las  formas de pensar de otros y no la aplican a sus propias ideas,  tienden a negar que su discurso y sus formas de pensar y  actuar constituyan “ideología”.

Pero esta negación de que sus propuestas constituyan una ideología es un elemento fundamental de su propuesta. Precisamente a don Fabricio se lo presenta ante sus dóciles seguidores, muchos de ellos víctimas de marginación social y política,  como el candidato Escogido, Elegido por Dios para gobernar nuestro país. Esta imagen que se trasmite explícitamente en muchas iglesias evangélicas y de la que hacen eco algunos dirigentes católicos, es fundamental en las propuestas de don Fabricio, también se evidencia en sus  gestos y actitudes. En muchas de las iglesias, especialmente las que auto denominan “evangélicas”, es fácil escuchar a sus líderes decirles a sus fieles que tienen que votar por Fabricio porque es la voluntad de Dios. En realidad, según  esa ideología no sólo se trata de votar, sino también de seguir siendo parte del movimiento de los guerreros del Bueno que enfrentan a los guerreros del Malo. No sorprende, por lo tanto, el carácter agresivo y con rasgos de violencia que manifiestan algunos de los adeptos.

Es fácil comprender así, que se trata de la propuesta de una teocracia, donde se ponen en duda los grandes logros de la humanidad que, en cuanto debe ser sometida a los designios provenientes de arriba, no puede regirse por “derechos humanos”. En realidad, según esta visión (ideológica) todo lo humano es algo que no tiene consistencia propia sino que depende de la voluntad del que está arriba.

La elección que se avecina nos confronta, como sociedad con la posibilidad de elegir como nuestro presidente a una persona que al levantar la bandera fundamentalista, adopta entre otras las siguientes posiciones:

  • Reniega de los compromisos jurídicos asumidos junto con otros Estados, lo que apunta hacia cambios en la política internacional y, por razones político ideológicas, un viraje hacia la esfera de influencia de la extrema derecha que, en América Latina hoy por hoy, tiene como punta de lanza alianzas muy bien coordinadas y financiadas de líderes religiosos de corte neopentecostal.
  • Quiere controlar, desde posiciones moralistas y patriarcales, el ámbito de la intimidad.
  • Ve a los marginados como dóciles seguidores que no tieneN derechos y están sujetos a su benevolencia.
  • Desprecia la función pública y al carecer de una visión de Estado, tiende a utilizarlo para fines espurios al bien de todas y todos.

En este contexto, explicito mi apoyo con el voto para Carlos Alvarado, a sabiendas de que está en juego no sólo opciones de orden económico, político, social o institucional. Se trata de algo mucho más profundo que tiene que ver con los fundamentos de nuestra sociedad y nuestro bien común.

 

[1] Francisco Avendaño Herrera es teólogo costarricense. Participó de la creación y fundación de la Escuela Ecuménica de Ciencias de la Religión (1973), de la Universidad Nacional de Costa Rica, Universidad de la cual fue profesor catedrático. Posterior a su jubilación (2004), el profesor Avendaño sigue acompañando procesos de formación y discusión teológica. Su obra contribuye a pensar distintos campos de la teología.

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¿En cuáles provincias y cantones ganó el Partido Restauración Nacional? – Andrey Pineda

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