Libro para compartir: Mercado y Religión, de François Houtart.

Deseamos compartir este libro con ustedes. Realmente vale la pena darle -al menos- un vistazo.

Les compartimos -a menera de hacerles la boca agua- el prólogo de la presente edición. (Al final del prólogo podrán encontrar el link para descargar el libro en formato pdf). Bon Appétit:

Como todo libro integrado por la compilación de artículos afines, pero independientes entre sí, Mercado y religión no tenía que haberse llamado así, ya que el título no responde a un diseño previo. No se trata de que me parezca inadecuado, y de ningún modo lo es, sino que los resortes que articulan al hecho religioso con la enmarañada diversidad socioeconómica y política de nuestro tiempo me han hecho sentir a veces como si el término “mercado” quedara corto para describir la complejidad propia de esa contraparte, formada por una verdadera madeja, dominada por movimientos financieros, en la cual se determinan los intereses dentro de la totalidad del sistema social. Y ahora solamente quiero advertir al lector para que no caiga en la tentación de conceder al título un referente demasiado simplificador: no limitarse a buscar en la lectura la mercantilización directa del hecho religioso que, por supuesto, está presente.
Lo cierto es que el concepto de “mercado” denota más que mercado puro y simple: es el concepto que nos coloca en el vértice del sistema regido por esa relación socioeconómica, que está muy lejos de limitarse al comercio. En el modelo triangular que utiliza Claus Offe aparecen el “Estado”, el “Mercado” y la “Comunidad” como vértices, para explicar la compaginación entre las estrategias de actuación y las condiciones de existencia del sistema capitalista. “Mercado” alude aquí a la totalidad integral de la estructura de las relaciones económicas dominantes. Con una connotación capitalista, claro está. En definitiva, este alcance del concepto es el mismo que históricamente nos hace hablar de “economía de mercado” desde los tiempos de Adam Smith, aunque tampoco hay que pasar por alto que los niveles brutales de mercantilización de la totalidad de las relaciones sociales, impuestos por el proceso de globalización neoliberal en el último cuarto del siglo XX, hubieran obligado a Carlos Marx a añadir al menos un tomo más a su Crítica de la economía política. No cabe duda de que si Marx escribió con la mirada puesta en el largo plazo, también Smith lo hizo, y la prueba es que el centro de la confrontación de nuestro tiempo sigue partiendo de ellos dos, aunque sea a otros a quienes toque definitivamente hallar las respuestas al problema, que es ahora el de nuestro tiempo.
Los textos reunidos aquí han sido agrupados según un criterio temático: la primera parte lleva el título de “Perspectivas teóricas”, y comienza con “El mercado, la cultura y la religión”, un trabajo que nos sitúa muy rápidamente en las coordenadas del hecho cultural dentro de la lógica del mercado, la post-modernidad y la interpretación de lo religioso en este contexto. “La cultura se compra y se vende”, afirma Houtart en esta conferencia, y la generalización de esta dinámica de compra-venta coloca al proyecto de un mundo mejor ante el desafío de desmercantilizar la cultura, un desafío decisivo que debe asumir el presenta siglo. Como en el resto de las esferas de la cultura, tendremos que plantearnos el problema del rescate o de la preservación del hecho religioso de las lógicas generadas por la sociedad de mercado.
Le siguen a este tres artículos, “La crítica postmoderna de la religión”, “El concepto de Dios: un enfoque sociológico” y “Religión y movimientos de cambio social a las puertas del tercer milenio”. En el primero de estos tres materiales, claves todos, como el anterior, para sustentar el sentido integral del libro, Houtart se coloca en el cambio de perspectivas epistemológicas implícitas en ese cuestionado proceso de la postmodernidad, al recordarnos que, según Vattimo, Boisvert, Maffesoli y Stephen Cook, el conocimiento se ha particularizado, y que solamente hay circunstancias, que esto significa la duda generalizada y un saber pragmático cuyo único criterio es la eficacia, que el error debe ser entendido como riqueza, y que la única cosa cierta es la incertidumbre. Contexto que nos permite explicarnos también el bascular de la búsqueda de sentido religioso que va a identificar, en ensayos posteriores, en las dinámicas dominantes de conversión que están inciden en la demografía religiosa de nuestro tiempo. Las estadísticas, el análisis de influencias, y la simple observación demuestran que las tendencias de reanimación religiosa superan hoy a las de secularización, que habían prevalecido bajo el influjo de la modernidad.
Bajo el título de “Casos empíricos”, se inicia la segunda parte de la obra con dos trabajos sobre Cuba. El primero, “Religión, subjetividad y mercado en Cuba”, tal vez el más antiguo del libro, es la versión escrita de la conferencia magistral que pronunció en la inauguración del Primer Encuentro Internacional de Estudios Socio-religiosos, celebrado en La Habana en julio de 1995. Es un texto que conserva toda su frescura y constituye un aporte metodológico para aproximarnos a la realidad cubana. Le sigue “El discurso que el Papa no pronunció en Cuba”, ingenioso y agudo documento articulado con el desarrollo de los temas y las posturas que habría sido deseable escuchar del Papa cuando visitó la Isla, -Houtart fue un testigo de excepción, como invitado, de la visita pastoral de Juan Pablo II a Cuba en 1998. Completan esta segunda parte un artículo sobre nuevos movimientos religiosos de origen protestante en América Latina y el Caribe, y un cuarto texto sobre el movimiento Falun Gong en China, que no nos permite olvidar la dimensión mundial del tema central que da unidad a la obra.
No quisiera perder la oportunidad de transmitir al lector unas apreciaciones sobre el texto referido a la visita del Papa a Cuba. Nunca falta quien recele del rigor analítico y la capacidad de previsión que permite la ficción del discurso literario, aunque no creo que nadie se atreva a cuestionar las críticas de Aristófanes, de Anatole France, o de George Orwell. He pasado, sin embargo, por la experiencia de haber sido criticado por valerme de algunas reflexiones realizadas por Susan George en el Informe Lugano. El hecho es que este pequeñísimo ensayo, lo que el Papa Wojtyla podría haber dicho y no dijo no solo revela su desconocimiento, sino la reticencia a comprometerse con el proyecto cubano, o incluso a dejar el más mínimo asidero para una impugnación de compromiso. Incluso con el perjuicio de no utilizar la ocasión para ratificar el discurso global que caracterizó, en otras latitudes y momentos, la máxima expresión de su compromiso con los desposeídos, que constituyen también la simiente de la tierra de la cristiandad. Una lectura cuidadosa de este texto, sin perder de vista las coincidencias y las diferencias de ambos proyectos sociales (el de la Iglesia y el del socialismo cubano), nos podría dar pistas muy convincentes para percatarnos de los límites de los patrones políticos del Vaticano hacia los Estados.
En una “Visión del futuro”, sección final, dos artículos sirven de cierre al libro: el primero, sobre la vigencia inspiradora y las perspectivas de las teologías de la liberación; el otro, “Religiones y humanismo para el siglo XXI”, ensaya una lectura actualizada sintética del potencial de los valores de la fe para la transformación de la sociedad.
Mercado y religión es una de esas obras que nos entrega un apreciable caudal de reflexión en un número reducido de páginas. Está escrita para satisfacer las exigencias académicas del lector especializado. El sociólogo, el antropólogo, el historiador de las religiones, o cualquier historiador que se respete, y no menos el teólogo, encontrará en sus páginas ideas muy sugerentes que inducen al debate, y también, ¿por qué no decirlo?, respuestas audaces y rigurosas a algunos de los problemas contemporáneos de la articulación social del hecho religioso.
Al propio tiempo, la claridad de exposición, el lenguaje directo, la argumentación convincente a que nos tiene acostumbrado el autor, hacen de este libro una lectura sugerente, amena, agradable y que también aportará riqueza de pensamiento a un público más amplio que el que forman los profesionales de las ciencias sociales, universitarios, ensayistas y estudiosos. Estoy seguro de que un lector con un nivel cultural más general, no especializado en el conocimiento social, también podrá hallar disfrute y utilidad en Mercado y religión.
Como en casi todas las compilaciones, el lector no está obligado a leerla sistemáticamente de comienzo a fin, sino que puede escoger su propio camino para encontrarse con la temática. Confieso que fue incluso el método que yo seguí, aunque también lo hice porque había textos que conocía con anterioridad a verlos editados en el libro. No obstante, si carece de una motivación especial para introducir un orden distinto, yo le recomendaría al lector seguir el que la compilación le propone, porque algunos de los primeros artículos tienen valores metodológicos para introducirse en el resto.
Tengo que reconocer que termino estas líneas sin dar rienda suelta a la inspiración de llegar más lejos en comentarios puntuales a los artículos que forman este excelente libro, y me quedo con cosas que decir. Pero considero que un prólogo, salvo rarísimas excepciones, tiene que ser breve. A riesgo de perder alguna amistad voy a confesar que los prólogos extensos me suelen transmitir un cierto exceso de vanidad del prologuista, que tal vez olvide que no es por sus líneas introductorias que el lector se interesó en el libro. De modo que cierro aquí, con la esperanza de no haber dicho menos de lo necesario ni más de lo prudente, y dejo al lector a solas con la aventura de adentrarse por sí mismo en el libro que ponemos hoy en sus manos.

Aurelio Alonso
La Habana, 5 de diciembre de 2006

Mercado y Religión – François Houtart

Saludos a todas y todos.

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