EL DIOS DE MIS PALMERAS: APUNTES DESDE LA MERA SUBJETIVIDAD (1era parte)

Dagoberto Núñez Picado

INTRODUCCIÓN

¿Cómo poner en palabras a Palmares? Parir la matriz que ME orienta y que me da el SER de hijo del Valle. ¿Quién tocará esas raíces desconocidas, para reclamar auto-respeto?  ¿Qué identidad me debo para reclamarme? Temo perder lo que queda de sensibilidad para distinguir: ¿qué me permitirá discernir lo propio y no ajeno? Si me pierdo, no hay retorno. Es bastante la pura y grave confusión que me define, podría correr a abrazar al enemigo confundiendo lo que da vida con la oferta de muerte total.

Escribo para llenar el vacío que deja este saberme hijo de un Pueblo que no sabe de dónde viene y adónde va:   por eso he de haberme devuelto – en algo- para rastrear la bendición de lo que fue.  De esto, no tengo más de dolor que responsabilidad.

Privan en mí las múltiples confianzas en las raíces que me suben hasta el tronco de árbol de donde vengo y me llevan hasta el presente que se ramifica. Agradecido con el agua que esclarece y da la profundidad, porque penetrar hasta los limos de mi propio subsuelo, ahí donde todo tiene reposo y donde todo se sostiene, saca mi cara del manto oculto, como dormido, para empezar a despertar.  Sueño que alguien venga y me despierte.

Somos una palmera. Para los efectos da igual, si lo nuestro no lo entendemos todavía, porque el asunto es de querencia. Si lo quieres, lo entenderás. Así decía mi Madre a mi Hermana para que repensara si quería el divorcio. El asunto es, al menos hasta hoy, que quien decida su terruño (es decir; pronunciar “soy de aquí”) es más bendecido que el que puede decir “yo soy de aquí” habiendo nacido dentro del mercado local. Siempre se puede ser alguien de afuera sin perder el ombligo de adentro; todo está en el propio biorritmo y en la belleza de la comunidad que nos crea, esa que bautiza para siempre, siempre, siempre.

Pero que nadie diga que no requiere de un espejo fiel, de uno no mentiroso, porque a este otro es hora de quebrarlo. Yo pongo el martillo, para no decir mentiras. No hay mentiras que sean compasivas o piadosas, todas ocultan la verdad. Y la búsqueda aquí es de la verdad, porque la realidad no existe decimos los no positivistas. Todo para poder pensar positivamente, aún en medio del más frío desamparo.  Mi búsqueda, adonde asomo la cara, se encuentra perdida por ahora, porque quiere encontrarse con la verdad que más dentro me toca.

Porque todavía puedo decir mi palabra: No es que yo sea “de aquí” es que esta es mi comunidad. Ella guarda todas las verdades y riquezas de que soy todo y parte, la acepto como jueza y causa,  como testiga acusadora, y defensora acusada. La acepto. Me acepto. Descubrir es la tarea que emprendo, con la pretensión de tocar mi propio corazón cuando toco el de mi comunidad con la palabra. Como decía Ghandi respecto de quien llega al corazón de su propia religión, que no puede hacerlo sino llegando al corazón de todas las demás. No de otro modo se arremete esto de contar la propia historia del propio pueblo que se es.

CAPÍTULO I: LAS RAICES O IDENTIDADES

1.  ¿Quiénes somos?

¿Palmareños y  palmareñas? Y, eso ¿qué es? Tantos años aquí vividos y no sabemos sobre la diferencia básica entre mujeres y hombres. Así tampoco sabremos nunca por qué y cómo disfrutar de nuestras diferencias más significativas que quizá no provienen tanto del hecho de ser mujer o varón, sino de lo que soñamos como tales. Y las diferencias en los suelos y la igualdad que proviene de pertenecer al mismo cielo, ¿quién podrá nivelarlas, sin conocernos a fondo?  Pero, la casa es la casa. Por algún lado hay que empezarla. Ella nos dejó la impronta de su ventana como un sello en la frente, porque fue lo primero que vimos y por donde empezamos a ver.

Las cosas han cambiado.  Eso se dice casi sin pensar. Pero también digo que  aunque no baste, basta con que nos sentemos juntos mirando al suelo. Esa es la idea y quizá así  podríamos decir algo sobre la dirección en que nos llevan o en el orden en que las cosas que han cambiado, nos han dejado; ¿somos mejores o peores personas, familias, pueblo…?

Recordaremos cómo éramos antes del cambio. Aquí estamos para recordar. Para eso escribimos, como ya quedó escrito en otra parte, tantas veces. Por eso también no hay que dejar de leer lo debido, sobre la vida.

a)  ¿Dónde estoy parado?

Es necesario que platiquemos sobre los suelos que pisamos. Lo que producían y lo que producen hoy, también debemos mirar hacia las aguas, las que acompañan a las cuencas y las que son frenadas por la contaminación, las que nos llega por la tubería hasta la casa, de la poza donde nos fuimos a bañar aquella mañana, en aquel río donde nunca nos podíamos bañar dos veces, a observar el trabajo de las mujeres, hasta la rodilla en el agua, martirizando las ropas contra las piedras que nunca se imaginaron llegar a producir música aporreante, con espumas danzantes.

b)  ¿Clima y ocupación de la geografía? ¿Cuántos somos y por qué tan poco diversos?

Del clima no voy a decirte nada. Basta con que hayas estado aquí y desde cuándo estás, para que sepas tanto del clima general como de las variantes distritales, las estaciones ya nos son las mismas. No es lo mismo la sequía que las inundaciones por lluvia, es distinto tener la opción de un rio cerca para lograr agua de riego. También hay diferencias de calor y frío según sea el clima, de muerte de cosechas y de vida abundante de sapos que hasta cantan de la felicidad, como para advertir a los demás si hay sobrepoblación, “aquí estoy…aquí estoy…aquí estoy”.

Y los animales que acompañaban y ya no están. No estábamos solos, había Tepezcuintle, había Danta, Coyote, Venado.  Y después hubo vacas y caballos. Hay una diferencia entre las vacas y los venados. Solo en Guanacaste hemos oído que convivan. Pero Guanacaste es muy grande en territorio, nosotros sólo tenemos poco más de 30 mil metros cuadrados. Podríamos tomar una hoja de papel para hacer la lista de los animales que quedan y nos sobraría lugar, hay mas renglones en una hoja que animales silvestres en Palmares. Si tomamos una hoja cartográfica y ubicamos Palmares, veríamos que el territorio está totalmente ocupado por animales humanos, solamente. Vemos algunos manchones verdes de bosques en recuperación donde podría ocurrir, milagrosamente, que llegue a vivir algún tipo de mono, cabrillo, coyote o tepezcuintle.

Y del territorio tan humano-ocupado por las generaciones de los primeros y segundos y terceros colonos, de sus siembras y de la distribución para que todos cupiéramos en él, hemos de preguntar a los ancianos y abuelas. Cuando converso con ellos y ellas veo que conocen algunas cosas, pero hay otras que no. Igual tendríamos que aprenderlas, y cómo saberlas si no les preguntamos.  Te dirán de los animales que habitaban la zona y de los que ya no están a nuestro lado y de lo que sienten por eso.

Lo que caminaban los abuelos para ir al trabajo donde tenían las siembras, y lo que tenían que recorrer las abuelas para conseguir el agua, para lavar los trapos. Esas son diferencias que nos permite ver cuánto ha cambiado la vida, las formas de vida, las prácticas de lo que sostiene y orienta el valor de la vida.

CAPÍTULO II: ECONOMÍA (ARTE DE VIVIR Y NO-MORIR)

1.  ¿Qué formas de producción?

Para que las primeras familias ocupantes del espacio geográfico sobrevivieran tuvieron que hacer muchas actividades en relación con el suelo, la vegetación, el clima. Y según el número de miembros de la familia así se tenía que planear las actividades de construcción de refugios, de producción de los suelos, de cosecha, de venta o trueque.

Según fuera ladera o llano, así se aplicaban diferentes tecnologías de producción de granos y de uso del suelo para mejores cosechas. Así también eran las herramientas que se utilizaban: lo que parecía un simple palo con forma de horqueta en la punta, se convertía en un verdadero aliado de trabajo, que reducía el cansancio en la faena.

Las semillas son la esencia del pasado. Maíz, plátano, frijol, hortalizas, etc. desfilaban en los patios y en las pequeñas parcelas que se sembraban lo más cerca posible de las viviendas, especialmente porque así funciona la economía de subsistencia en un ambiente donde todavía el sistema de intercambio es de trueque y no mercantilizado. Si anotáramos las diferentes tipos de semillas y consiguiéramos clasificarlas de alguna manera, estaríamos ante un registro de fuentes de vida que hablaría de las formas cómo los antepasados reconocían las potencialidades del suelo palmareño.

Hay productos como el café, la caña india y el tabaco que nunca funcionaron dentro del esquema del intercambio vecinal, sino que se sembraba para vender afuera. Atraía riqueza pero en forma de dinero. También el bosque –como el café y el tabaco- fue convertido en un producto para vender y la riqueza que produjo vino en forma de dinero. Antes no había plata, ni imaginábamos que la plata fuera tan importante. Cierto, andábamos descalzos, y eso seguro que nos enfermaba más porque los bichos se meten por los pies, pero también sabíamos curarnos con plantas que todos reconocíamos porque eran muy curativas.

¿Cómo es que hoy se aprovecha hectárea por hectárea en Palmares? El territorio de todos, ¿qué tiene la comunidad como tal y qué no tiene  ya? Antes nos mirábamos y reconocíamos por lo que producíamos, y alimentaba a todos.

Los ciclos de consumo de alimentos, antes estaba ligado a los tiempos de las cosechas. Si había frijol comíamos frijol que había sido sembrado en Palmares. Lo mismo podía decirse del maíz. Pero, ¿de qué nos alimentamos hoy? ¿De dónde viene ese alimento? ¿Podríamos seguir llamándolo alimento? ¿A quién alimenta?  El ciclo del consumo de productos locales fue cambiado cuando dejamos de sembrar granos como alimento de los palmareños. Nos mirábamos de modo diferente cuando comíamos maíz, plátano, frijol o yuca sembrada por vecinos. Nos mirábamos de modo distinto. Había como un respeto especial. La gente respetaba a quien era muy bueno sembrando maíz, café, tabaco, y se le daban buenas cosechas. Se decía que tenían muy buena mano para eso.

¡Qué importante era tener leña para cocinar en la casa! La vegetación seca es un buen combustible, pero las ramas viejas de café arábigo fueron una tea para las cocinas y tinamastes donde las madres ritualizaban cotidianamente el bendito acto de alimentar al grupo. Y aquel olor de tortillas como platos recién lavados a los que les quedaba unas manchitas que no se le quitan con nada y sazonaban como biscocho recién horneado. El aprovechamiento forestal dio madera para construir muchas casas y se desarrolló la industria del pequeño taller artesanal donde algunos se especializaron en la construcción de todo tipo de muebles domésticos; camas, juegos de sala, comedor, armarios, repisas, trinchantes, etc.  Hasta la viruta, aserrín y otros desechos de las maderas eran aprovechados para dar mantenimiento a los encierros de gallinas, para asear chancheras y otros corrales. Así se conjuraban enfermedades infecto-contagiosas, y dependiendo del nivel familiar era suficiente el residuo de ceniza que iba produciendo el fogón de leña, para atender a las exigencias de salubridad doméstica.

2.  ¿Qué grupo de trabajo?

Siempre y en todo caso, hemos nacido en el seno de un grupo formado, a veces, por mamá y papá y otras veces solo por mama. Juntos, con parientes, amigas y amigos, integramos la familia que somos. Tienes que tener muy claro con quienes compartes responsabilidad familiar, sería bueno que en la escuela pudiéramos –sin problemas- ser capaces de dibujar como familia a todas aquellas personas con las cuales se enfrentan los problemas comunes y con los quienes se gozan las fiestas.

Las familias se relacionan unas con otras, así generan lo que denominamos comunidad. En las asociaciones y asambleas, se platica y se toman decisiones, hemos de tener claro ¿quién las toma y cómo?  Los procedimientos para la toma de decisiones en la familia y en las asociaciones comunales deben servir a nuestro propio desarrollo humano: nunca deben ir en contra de él.

Quienes dirigen en la familia y en las asociaciones lo pueden ejercer de forma tal que las decisiones importantes sean discutidas y conocidas por todos, porque todos serán afectados por esas decisiones. Quienes participan en las decisiones están mejor informados para cumplir con las responsabilidades que les corresponde y estarán en posibilidad de interpretar que su actividad o labor está al servicio de otros y otras que, a su vez, hacen cosas de igual o mayor importancia para él o ella, en función de todos y todas.

En la comunidad se visualizan muchos servicios y quienes los ejercen se apoyan unos a otros. Por ejemplo, los grupos artísticos (música, teatro, baile, etc.) que son tan importantes durante las efemérides propias de la comunidad como son las fiestas patronales, cívicas tanto centrales como distritales.

Las asociaciones ligadas a la educación y a servicios de salud también son de una gran importancia al examinar cómo cada grupo actúa en cada trabajo.


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3 respuestas a EL DIOS DE MIS PALMERAS: APUNTES DESDE LA MERA SUBJETIVIDAD (1era parte)

  1. Luis Paulino Vargas Solís dijo:

    Y me pregunto, Dago, ¿era efectivamente ese Palamares tan armonioso y bucólico, tal cual aquí lo pintas? Quizá tenía, en efecto, ese sentido de comunidad e identidad, incluso ese orgullo de ser lo que era. Pero ¿y cuándo de violencia se escondía tras esa apariencia de armoniosa unanimidad? ¿O es que hubo épocas donde los seres humanos dejaron de ser diversos y se acomodaban plácidamente -mejor dicho, naturalmente- a esa uniformidad de las armonías campestres? La democracia, como los derechos humanos, suponen un despertar a lo diverso en épocas donde, por otra parte, la placidez de la comunidad rural entra en crisis. Quizá sea el destino humano, si es que quisiéramos ponernos ontológicos, pero siendo que lo humano es heterogéneo y complejo, uno duda si las comunidades pacíficas y homogéneas podrían haber sido, ni en el mejor de los casos, proyectos realmente perdurables más allá de un cierto límite.

    • Andrey Pineda dijo:

      Lo que plantea Luis Paulino lleva mucha razón. Estoy conciente de la complejidad del tema; sin embargo, lo 1ero que me vino a la mente al leer el comentario de LuisPa fue un fragmento de ‘En busca del tiempo perdido’ de Marcel Proust:

      ‘Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro triste día tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en la que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme esa alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no está en él, sino en mí’.

      La mente nos hace trampas, y los recuerdos no necesarimente reproducen las vivencias tal cual fueron. No obstante, sé que Dago está muy conciente de ello.

  2. Es importante lo que destaca Luis Paulino. El y nosotros hacemos eco del pasado con preguntas de hoy y su cuestión: ¿cuánto de la diversidad se sacrificó detrás de los patrones de unidad? es relevante: Nomás releer a Max Jiménez (El Jaúl) para entender las “violencias escondidas” y lo que podríamos llamar “las mentalidades de campanario” que exigían obediencias a las mayorías (no se diga de la violencia hacia las minorías).

    La hipotesis que sostenemos es que aún en el mayor caos social los seres humanos aspiramos vivenciar formas de paz apelando a ciertos esquemas (psico-sociales) de unidad cultural preexistente a dicho caos, en tanto esquema. Esos “esquemas” (C. Jung) han sido en el pasado “modelos” o proyecciones psico-sociales: los grupos humanos nos “vinculamos” en nombre de ellas para enfrentar la conflictividad social que puede escalar a una violencia mayor (“descomposición” total del sistema); todo esto juzgado, dentro del esquema (Desde un punto de vista crítico, podría ser deseable tal “descomposición” ya que comportaría “composición”.

    En este aspecto el factor religioso es poderoso socialmente: pero, no determina totalmente las dinámicas y lógicas con que operan ciertas espiritualidades comunitaristas, como las que asoman en la historia local palmareña. No cabe nivelarlas bajo un epíteto de “aparente unanimidad” porque hay rastros histórico-culturales de que entrañan una ruta de consenso popular, liderado popularmente, bajo patrones culturales de los que todavía sabemos poco porque ignoramos mucho de los orígenes complejos de esas comunidades: coincido con Luis Paulino en ese aspecto de la crítica; es probable que requiramos de muchísismas lecturas meramente “subjetivas” de muy diversas personas, alimentadas de muy diversas espiritualidades, para ir amasando versiones no ocultadoras de las violencias del pasado. Las lecturas de las realidades locales, desde los “sacrificados” está todavía en los primeros tramos del camino.

    Dago

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