Efectos de la globalización en Centroamérica (1era parte) – Mons. Alvaro Ramazzini

Como bien saben quienes nos han estado siguiendo –y quienes no, se los contamos- nuestro proyecto tiene que ver fundamentalmente con religión (axiología religiosa, espiritualidades, religiosidades, etc.), pero no se agota en ese ámbito, sino que hemos tratado de llevarlo a un nivel de análisis mucho más amplio. Tratamos de dar cuenta de los cambios operados en la axiología religiosa palmareña (ARP) a raíz de los cambios socio-laborales (esfera productiva) acaecidos en el cantón en los últimos años producto del influjo de las políticas neoliberales a nivel nacional, políticas que –a su vez- se enmarcan –y responden a- dentro de un proceso mucho más amplio, a saber: la globalización neoliberal promovida por los centros del capitalismo (y sobre todo por las transnacionales). Y si bien ésta tiene un contenido inminentemente económico, también se manifiesta en el ámbito cultural[1] de manera muy importante, muchas veces de forma dramática, sobre todo para ciertos países y regiones[2], como es el caso de Costa Rica y América Central.

De esta forma, vemos que nuestra investigación –en un sentido amplio- es sobre globalización y cultura. De ahí que hayamos decidido compartir este texto de Mons. Álvaro Ramazzini[3], no sólo porque el autor es Obispo, sino por la profundidad con la que aborda el fenómeno de la globalización en el caso Centroamericano. Además, obviamente –para efectos de nuestros intereses más específicos- nos interesa que quién habla es una persona religiosa (y a lo mejor también espiritual), por lo que el texto se vuelve doblemente valioso.

El documento fue presentado por Mons. Ramazzini en el marco de la 7º jornada de los Comités Óscar Romero[4]: Migraciones y solidaridad del año 2002. Lo compartiremos en tres partes e iremos comentando –junto con ustedes preciados lectores y lectoras- aspectos relevantes de cada una de las partes del texto. Así que ¡Provecho!

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Efectos de la globalización en Centroamérica:

Gracias Marta por su presentación. Para mí es también un gusto que estemos aquí juntos voces de América Latina y sobre todo hacernos solidarios con toda la situación que su país vive y que llega a nosotros a través de informaciones y de muchos compatriotas suyos que han tratado de venir a Guatemala y desgraciadamente la política migratoria de nuestro gobierno no ha sido tan coherente en el sentido de que nosotros si encontramos refugio para guatemaltecos y guatemaltecas en Méjico cuando fue el tiempo del conflicto y en cambio ahora el gobierno guatemalteco no le ha dado acceso a tantos paisanos suyos que han querido venir a Guatemala.

Este año tuvimos un encuentro organizado por ACNUR y hubo una persona que representaba a Colombia y no solamente nos habló de toda la situación del conflicto colombiano, de toda la trascendencia que tiene para la región sino que nos dio este dato realmente dramático: de 10000 colombianos que habían pedido visa de entrada para Guatemala, solamente la habían recibido 4000 y de estos sólo 4 personas hasta el mes de mayo habrían tenido reconocido su estatus de refugiado. Esto solamente es una partecita, pero nos hacemos solidarios con el pueblo colombiano porque es un conflicto que dura muchos años. En Guatemala lo vivimos durante cuarenta años, tal vez no con la intensidad abierta que lo está viviendo Colombia, pero también con muchos muertos y desaparecidos y todavía no acabamos de salir de eso, por lo que compartimos con ustedes sus preocupaciones.

Me siento un poco como Daniel en la fosa de los leones, pero quisiera decir sin el ánimo de adularlos y sin el ánimo de captar su benevolencia antes de comenzar mi exposición, que da gusto ver gente comprometida, gente que es coherente con sus convicciones, gente que son como el Señor Jesús nos pide que seamos los cristianos, hombres y mujeres, en el evangelio: levadura en la masa, sal de la tierra. Para mí, como obispo, es muy reconfortante en cuanto que uno no se siente solo en llevar hacia delante esa utopía, ese ideal de lo que debe ser la vida cristiana.

No pretendo absolutamente, bajo ningún punto de vista, que ustedes esperen de mí una exposición magistral. Indudablemente, me he preparado para este momento pero voy a tratar de ir mezclando algunas afirmaciones de tipo académico, resultado de estadísticas y estudios —especialmente he tomado muy en cuenta los informes sobre el desarrollo humano que produce cada año el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas, el PNUD— y también compartiré un poco mi experiencia personal como obispo.

Hace algunos años, cuando el proceso de negociación estaba en curso para poder llegar a los acuerdos de paz en Guatemala, yo fui delegado por la Conferencia Episcopal para representar al sector religioso. Anteriormente, fue Monseñor Rodolfo Quesada Turuño, pero tomamos la decisión de que mejor saliera porque veíamos que todo el asunto se estaba manipulando y que algún sector del gobierno guatemalteco quería echarnos tierra en nuestros esfuerzos de llegar a negociaciones mucho más radicales y profundas.

Me recuerdo que en uno de estos encuentros, se llamaba Consulta Ecuménica por la Paz, que fue el único momento en que logramos establecer una relación de diálogo, de apoyo y de esfuerzos mutuos con un sector de los grupos evangélicos en Guatemala, porque en Guatemala existen dos grandes sectores que representan las denominaciones cristianas no católicas, un grupo más reducido, más pequeño que tiene una visión mucho más de compromiso social, de apoyo al desarrollo social, a la paz, la llamada Conferencia de Iglesias Evangélicas, y otro mayoritario que se llama Alianza Evangélica que son mucho más recalcitrantes y conservadores en sus posiciones.

Pues bien, me recuerdo que en esta consulta había alguien representante del Departamento de Estado de EEUU, porque había un grupo de países amigos que estaban empujando el proceso de paz, entre los cuales estaban EEUU, España, Noruega, etc., y hablando con este señor del modelo neoliberal, estoy hablando de hace seis años, el sostenía fuertemente que este modelo iba a dar la solución para los problemas de pobreza que había en el Continente y yo y otras personas que estábamos allí le decíamos: no, eso no es verdad, no es cierto. Y el decía: y por qué no es cierto. Yo no tengo argumentos de tipo económico, le dije, yo no soy economista, no soy sociólogo, el único argumento que yo le puedo dar es que en la zona donde yo vivo, que es en el Departamento de San Marcos dónde yo llevo siete años trabajando, la gente es cada vez más pobre, yo lo veo cada día cuando visito las Comunidades. El ya no contestó nada a esto porque indudablemente una cosa es la apreciación que se puede hacer desde el punto de vista académico y otra cosa es tocar uno la realidad.

Antes de ofrecerles algunos datos que el informe del PNUD ha publicado, quisiera aclarar lo siguiente: cuando nosotros hablamos de América Central, hablamos desde Guatemala hasta Panamá incluido, esto es importante porque ha sido una decisión de consenso que hemos tomado las Conferencias Episcopales de América Central. Mucho de lo que yo voy a decir va reflejar más los puntos de vista de Guatemala desde mi experiencia personal, pero mal que bien se podría aplicar al resto de los países: Honduras, Nicaragua y El Salvador. Costa Rica y en segundo lugar Panamá son un poco la excepción. A Belice, ustedes se recuerdan que hubo una gran discusión sobre si Belice pertenecía a Guatemala o no, nosotros no lo consideramos como integrante de América Central por varias razones: en primer lugar por la lengua, ellos hablan inglés y GARIFUNA, y en segundo lugar, históricamente nunca ha habido una relación directa.

Dicho esto yo quisiera en un primer momento repetir algunas afirmaciones que ustedes ya conocen sobre el tema de la globalización, para en un segundo momento entrar a ver cómo esto está repercutiendo concretamente en los países de América Central y hay dos aspectos muy importantes en los cuales este proceso de globalización está repercutiendo: el problema de la creciente pobreza y el problema de las migraciones.

Sobre el tema de la pobreza creciente yo me voy a reducir a dar algunos datos, algunas informaciones, a compartir mis experiencias personales en las visitas que hago en el interior de la diócesis y también a dar un vistazo a toda la situación de Guatemala y sobre el tema de las migraciones, indudablemente, voy a dar una presentación mucho más centroamericana, haciendo la aclaración de que el problema migratorio en este momento tiene como dos grandes caras: la migración hacia el Norte, que es la que utilizan la mayoría de centroamericanos (hondureños, salvadoreños y guatemaltecos) y gente de América del Sur (ecuatorianos, colombianos, dominicanos, haitianos y cubanos) y una concentración del problema migratorio muy fuerte desde Nicaragua a Costa Rica.

Luego voy a tratar de sacar algunas conclusiones de lo que esto debe significar para los cristianos de cualquier parte del mundo y de lo que debe significar para personas como ustedes y como yo que queremos comprometernos en encontrar soluciones que lleguen al núcleo del problema y que traten de veras de hacer converger esfuerzos para poder sentirnos que vamos caminando todos por el mismo camino.

Tradicionalmente ustedes saben que se ha hablado de que el mundo se haya dividido en dos grandes mitades: los países del Norte y los países del Sur. Y la razón de esta clasificación se hace en base al reparto de capacidad tecnológica, niveles económicos, de bienestar…Y de las estadísticas que manejamos nos damos cuenta que hay una gran desigualdad y que es una desigualdad más económica que geográfica.

Sin embargo, tengo que aclarar que no se pueden hacer afirmaciones así de una manera tan escueta y determinante porque ni siquiera hay homogeneidad dentro de un mismo país, es decir, no podemos decir que toda una población disfruta del bienestar o que en toda una población no existe pobreza. Probablemente ustedes, aquí en España, también verán sectores de población que son pobres. Por lo tanto, cuidado con afirmar esto es blanco o esto es negro, porque creo que ahora en el panorama mundial las cosas se van mezclando y se van haciendo mucho más superpuestas que en otras ocasiones.

Hay otros que dicen que el planeta en realidad habría que dividirlo en cuatro bloques y que el primero de estos grandes bloques es el que cuenta con 500 millones de habitantes, que posee una gran capacidad productiva y materias primas. Aquí estarían EEUU, Rusia y Australia, el Primer Mundo. El Segundo Mundo, con unos 700 millones de habitantes, también tiene una gran capacidad productiva pero escasez de materias primas. Aquí estarían los países de la Comunidad Europea, Japón y algunos países asiáticos. En tercer lugar, nos encontramos con el llamado Tercer Mundo, 400 millones de personas en su mayoría empobrecidas, rico en materias primas y escaso desarrollo tecnológico e industrial. Aquí situaríamos a América Central. Y por último, nos encontramos el Cuarto Mundo, con unos 500 millones de personas que no poseen industria ni materias primas y son verdaderamente los pobres entre los pobres. Aquí situaríamos muchos de los países africanos.

Leyendo el informe de Naciones Unidas hay dos países, Zambia y Namibia, que están en retroceso en lo que es el índice de desarrollo humano, es decir, son los dos únicos países del mundo que no han logrado avanzar en un proceso de crecimiento de desarrollo humano. El resto de los países, aunque sea mínimamente, ha tenido un crecimiento y esto es interesante porque entiendo, entre paréntesis, que en este informe hay una mentalidad más bien optimista que pesimista y eso es bueno, porque después de haber oído lo que oímos ayer en las magistrales exposiciones del señor Jarauta y del señor de Lucas , uno puede llegar a pensar que esta situación es imposible de cambiar y que en verdad es como en el texto del Antiguo Testamento de David luchando contra Goliat, solo que nosotros no tenemos ni siquiera las piedras, ni la honda para derribar a este gigante, pero en realidad no es así. Ha habido crecimiento. Mayor en algunos países, mínimo en otros, pero ha habido crecimiento y eso es una señal de que las cosas pueden ser cambiadas. Yo creo que si estamos aquí reunidos hoy es porque tenemos la esperanza de que esto va a ser así, si no, no tendría sentido estar aquí cuatro días para sumirnos más en la desesperación.

En realidad el problema no es solamente un problema de crecimiento económico, que sí se ha dado en algunos países, sino que el problema central es que hay una injusta distribución en este crecimiento económico, hay una injusta distribución de la riqueza, una injusta distribución de los beneficios, porque mientras el 22% de la población mundial tiene acceso al 84% de los bienes y recursos del planeta, el 78% de la población mundial solamente participa del producto mundial en un 16%.

Cuando yo veo por ejemplo la situación de los países centroamericanos y concretamente la situación de Guatemala hablando rápidamente del problema ”tierra” por poner un caso, en Guatemala la distribución de la tierra es una de las distribuciones más injustas de toda América Central porque un 2% de la población, sobre 10 millones y medio de habitantes, algunos hablan de 11 millones, otros de 12 millones porque muchas veces los censos no responden a realidades objetivas sino a intereses políticos y hay que tener cuidado con estos datos estadísticos, hay que ver quien los hace, por qué y para qué y hay que ver también si las fuentes son fiables, un 2% de la población tiene en sus manos un 84% de la mejor tierra del país.

En San Marcos, donde yo vivo, tenemos una de las fincas productoras de café más grandes de América Central. Tiene hasta un teleférico que aproximadamente tarda en recorrer la finca una hora a velocidad razonable. Ustedes se pueden imaginar la extensión de territorio… Para la cosecha del café, desde el mes de agosto hasta el mes de septiembre, emplean de 5000 a 6000 personas de mano de obra. Se pueden imaginar la cantidad de quintales de café que salen de ahí y se pueden imaginar también la crisis que hay ahora que los precios del café se vinieron abajo.

Nunca se me olvida en una conferencia que escuché hace meses, una persona que decía que el gasto de energía en este momento en el mundo estaba distribuido de esta manera: una tercera parte de la energía mundial la gasta EEUU, otra parte la gasta Europa en general y la otra el resto del mundo. Esto a todas luces es una injusticia groserísima y uno entiende por qué EEUU no quiere firmar el tratado de Kioto en el tema de la energía.

Yo por eso digo: una de las maneras de reivindicarnos de todo el mal que nos hace EEUU es mandarles migrantes, que entren todos los migrantes del mundo. Y cuando vienen a pedirme la bendición antes de irse, les digo: con mucho gusto te la doy, solo ten cuidado en el camino con los coyotes, coyotes humanos, ya hablaré más tarde del coyotismo. A todos los que les he dado la bendición ha funcionado, porque todos han llegado. Las bendiciones funcionan cuando hay fe.

Indudablemente ahora los EEUU están preocupados por el tema migratorio porque están viendo que en su misma sociedad norteamericana empiezan a generarse cambios. Están naciendo muchos hijos de migrantes sobre todo en la parte de California que es la parte que yo conozco más porque ahí vive mi familia que hace treinta y cinco años que emigraron de Guatemala. En California están tratando de poner reglas muy rígidas, como el monolingüismo, que no se hable español en las escuelas para poder impedir esa realidad de presencia de migrantes especialmente latinos.

Aquí ya entraríamos en otro tema, que es el tema de la inserción cultural, del derecho a expresar mis propias costumbres y a vivir de acuerdo a mis propias costumbres. Este es un problema más complejo de lo que parece así a primera vista.

Como decía: que EEUU se llene de migrantes, empujemos a toda la gente a que vaya hacia EEUU, no con un espíritu vengativo pero si con un espíritu de justicia, que devuelvan todo lo que le quitan al mundo o todo lo que no quieren compartir con el mundo. Saben ustedes que en este momento la primera fuente de ingresos de El Salvador son las remesas que mandan los salvadoreños a su país, millones de millones de dólares al año. Igualmente, el tercer renglón de ingresos en Guatemala son las remesas que los propios guatemaltecos mandan a sus familias. Yo lo veo en San Marcos: casas nuevas por aquí, casas nuevas por allá. Todo viene de EEUU. Esto después plantea también otros problemas y otra serie de consideraciones.

Federico Mayor Zaragoza hizo unas afirmaciones cuando era Director General de la UNESCO que quiero compartir con ustedes porque me parecen importantes: “Los sistemas actuales de desarrollo son perversos. A escala planetaria mientras que el abismo entre el Norte y el Sur continua ampliándose, la Organización del Comercio Mundial priva hoy a los países en desarrollo de medio billón de dólares al año que equivalen a diez veces la ayuda exterior que reciben y esta diferencia aumenta cada año. También en los países llamados desarrollados se acentúan las desigualdades”.

El año pasado, si no me equivoco, se realizó en Sudáfrica, en Durban, la Gran Conferencia Mundial contra el racismo, la xenofobia, la discriminación y formas conexas, ustedes recuerdan que la prensa le dio una gran cobertura sobre todo cuando Israel, EEUU y Canadá decidieron abandonar la conferencia porque los israelitas se sintieron atacados cuando surgió el problema palestino.


[1] Finalmente la economía también es Cultura.

[2] Tal y como bien lo explicó nuestro Director Luis Paulino Vargas  Solís en el primer artículo de esta sección: Los mil rostros de la globalización.

[3] Álvaro Ramazzini. Obispo de la diócesis de San Marcos. Guatemala. Presidente del Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC), Presidente de la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala (Pastoral Migratoria), Presidente de la Pastoral Interdiocesana de la tierra y de la Comisión de Pastoral de la Comunicación de la Conferencia Episcopal de Guatemala.

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2 respuestas a Efectos de la globalización en Centroamérica (1era parte) – Mons. Alvaro Ramazzini

  1. Andrey Pineda dijo:

    Solamente quisiera ‘poner el dedo en la llaga’ sobre un punto particular:

    ¿Cuántos Obispos de nuestro país hacen -o al menos intentan hacer- en la actualidad análisis críticos sobre la realidad centroamericana, o al menos sobre Costa Rica?

    Hace pocos días el Presbítero Víctor Hugo Munguía escribió indignado un artículo en L.N (http://www.nacion.com/2010-09-30/Opinion/Foro/Opinion2538874.aspx), en respuesta a una afirmación de ‘alguien por ahí’ que se atrevió a decir que la I.C de CR es de “misa y olla”. Pero ¿Es esta afirmación verdadera o falsa? ¿Uds que piensan? En lo personal, puedo decir que hace rato no leo -a lo mejor nunca he leído- un intento tan serio de abordar los problemas que enfrentamos a nivel regional -como el que realiza Mons. Ramazzini acá- por parte de alguno de nuestros Obispos, de alguno de los miembros de la Conferencia Episcopal, al contrario de lo que sostiene Don Víctor en su art… eso sí, a lo mejor estoy equivocado, si alguien tiene pruebas de lo contrario, pues con gusto rectifico.

  2. Luis Paulino Vargas Solís dijo:

    Qué deliciosa disertación la del obispo Ramazzini. Poco académica, ciertamente, pero muy vivencial. Describe con propiedad y de forma muy persuasiva, realidades muy duras de nuestros pueblos centroamericanos. Y, en particular, ilustra muy bien como la globalización no es, en modo alguno, un problema lejano. Es algo que ya se metió en la vida personal de cada quien. Nunca había oído hablar de este obispo. Lo empiezo a percibir como un hombre progresista y comprometido. No sé si correspondería ubicarlo en la corriente de la teología de la liberación, pero inevitablemente hay en su disertación algo que lo evoca.

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