Efectos de la globalización en Centroamérica (2nda parte) – Mons. Alvaro Ramazzini

Los países participantes hicieron una Declaración y un Plan de Acción, que precisamente acaba de ser revisado a principios de esta semana en el Distrito Federal. Yo vengo de allí, me invitaron a participar y es bueno estar en estas actividades porque uno tiene una visión global de lo que está pasando. Esta reunión fue hecha para verificar hasta donde se están implementando los Planes de Acción de la Conferencia Mundial de Durban. En esa Declaración y en el Plan de Acción se hace un análisis sobre la Globalización que les comparto: “La Globalización brinda grandes oportunidades pero en la actualidad sus beneficios se distribuyen muy desigualmente, lo mismo que sus costos. Por otro lado, sus efectos son negativos y pueden agravar la pobreza, el subdesarrollo, la marginación, la exclusión social…”Ahí fueron muy suaves porque solo escribieron pueden agravar, deberían haber escrito agravan”.

De manera que la Conferencia de Durban reconoce que la Globalización está causando efectos negativos y esta Globalización negativamente actuante es peor en los países de América Latina y particularmente en los países de América Central porque sigue sosteniendo procesos de empobrecimiento que no son ahora solamente el resultado de sistemas estructurales que generan pobreza y miseria, sino que también añaden a esto el efecto de no dar acceso a las oportunidades y medios necesarios para que la persona pueda alcanzar un desarrollo adecuado.

No es una cuestión de falta de recursos, hasta ahora, porque por ejemplo ya empieza a ser un problema la falta del recurso “agua”, no se trata solamente de esto, sino que también se trata de una falta de voluntad política de los Estados que no trabajan en bien de la colectividad, sino en bien de proyectos privados y en este sentido, las experiencias que tenemos en América Central lo reafirman.

Es el caso de Nicaragua. Nicaragua está viviendo en estos momentos una situación de extremísima pobreza. Allí los ideales de la revolución sandinista y la gente comprometida con estos ideales, fueron traicionados por los sucesivos gobiernos. Ahora se discute si van a enjuiciar al expresidente Alemán, que por otro lado es el Presidente del Congreso.

El caso de Guatemala donde el nivel de pobreza sigue creciendo. Tampoco allí ha sido cambiado el sistema socioeconómico generando más y más pobreza. De esto hablaré más adelante.

Por lo tanto no solo los sistemas socioeconómicos de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras no han cambiado sino que a esto hay que añadir los efectos perniciosos de una globalización que reparte muy desigualmente los beneficios y que hace recargar los costos, para poder lograr esos beneficios, sobre las mayorías que son los más pobres.

Y uno se plantea, en el caso guatemalteco: casi cuarenta años de conflicto armado, tanta gente que murió, tantas desapariciones forzosas para que ahora entremos de nuevo a una etapa, como está sucediendo en este momento en el país, de una remilitarización muy sutil pero muy verdadera…. Y qué va a hacer la sociedad civil cuando todavía es una sociedad civil débil, donde grandes sectores son indiferentes ante esta problemática, donde en este momento activistas de Derechos Humanos están siendo de nuevo amenazados de muerte, donde se están planteando nuevamente las posibilidades de un regreso a las prácticas de represión que vimos en el pasado…

La gente de Guatemala tiene miedo. Uno de los grandes efectos negativos del conflicto armado en Guatemala fue que dejó mucho miedo en las Comunidades. Yo lo experimenté así desde que llegué a San Marcos hace trece años. Allí, comenzar a hablar de transformaciones sociales, de compromiso social es tabú porque entonces “lo que usted está haciendo es traer de nuevo el comunismo a este lugar, usted es un marxista que está propiciando la lucha de clases, que está enfrentándolos”, “ya no queremos tener esos enfrentamientos, hemos sufrido demasiado, qué nos va a pasar ahora”, etc. Todavía se manejan estos esquemas de pensamiento en muchos sectores guatemaltecos y de América Central. Y si ahora, en este momento, comienzan esas campañas de enviar anónimos, de enviar amenazas veladas, etc.

La gente sigue teniendo miedo y el compromiso social disminuye porque al final de cuentas son muy pocos los que están decididos y decididas a arriesgarlo todo. Yo he hablado con buenos católicos, católicos practicantes que hablan de justicia pero que a la hora de plantearle, ¿quiere dar un paso más en el compromiso?, responden: no, porque tengo esposa, porque tengo hijos… Y uno que puede decir ante esto. Bueno, yo no tengo esposa, no tengo hijos, no tengo ese tipo de problemas. Uno no puede exigir a los demás la radicalidad que desearía pero indudablemente es un freno en un compromiso decidido a favor de las transformaciones sociales. En esto países hablar de compromisos decididos significa tener que enfrentar riesgos, tener que enfrentar peligros de muerte. Hay que pensarlo bien antes de decidirse, pero si uno se decide, se decide. El Señor dice: “o estás conmigo o estás contra mí”. No hay ninguna otra alternativa.

Luchas, conflictos armados, muertes, desapariciones de personas,… y la situación sigue peor que antes. Yo, en cierto modo, digo: no, la situación no está peor que antes. Al menos en el caso guatemalteco, tenemos los acuerdos de paz y los acuerdos de paz son el punto de referencia para decir: cumplámoslos. Sin embargo, uno ve que no ha habido un deseo, sobre todo en el gobierno actual, de implementar y de llevar hasta las últimas consecuencias estos acuerdos. La misma secretaría de seguimiento para la implementación de los acuerdos de paz estuvo ahí mucho tiempo con un perfil bajísimo, ni siquiera uno se imaginaba que todavía existiera.

En resumen, no solamente la Globalización tiene sus efectos negativos sobre nuestras economías empobreciéndonos mucho más, sino que las estructuras socioeconómicas no cambian en la profundidad que deberían de cambiar para ser generadoras de bienestar para todos y para todas. En este tiempo, todo se ha multinacionalizado y el gran ideal es la eficiencia máxima, sin acabar con la lógica de la explotación. Los trabajadores ahora valen por lo que producen y no por ser personas.

Aquí, en el tema de las migraciones, hemos visto y escuchado: “Ninguna persona es ilegal”. Ayer, Javier de Lucas insistía en un punto muy fundamental, que las personas comienzan a ser ilegales cuando el Estado o un gobierno así lo deciden. Pero, ¿quien tiene derecho a considerarte a ti legal o ilegal, en base a qué lo va a hacer, cuales son sus principios, sus fundamentos? Más allá de lo legal o lo ilegal estás tú como persona. Sin embargo, en el sistema de la Globalización la lógica es: tu vales en cuanto produces, no porque eres persona y por lo tanto si hay que hacer una fusión de empresas y en esta fusión hay que despedir a 50, 100 o 4000, despidámoslos, porque está antes el beneficio económico que la condición de cada uno como persona. Solo cuando uno ha pasado por la experiencia de ser despedido y no tener ya trabajo entiende lo que esto significa, mientras uno tiene su puesto de trabajo asegurado lo que le pase a los demás no le afecta.

En el tiempo de las desapariciones en Guatemala, la gente criticaba por ejemplo a la Asociación de Viudas de Guatemala cuando estas mujeres querían saber dónde estaban sus esposos desaparecidos, dónde les habían sepultado o si todavía vivían. Esta fue una iniciativa nacida de la voluntad de mujeres indígenas, Rosalina Tullú fue la gran líder, y como Guatemala sigue siendo una sociedad racista, y esto hay que decirlo con toda la fuerza porque desgraciadamente es así, muchos sectores especialmente ladinos veían con desconfianza esta iniciativa y hasta se reían, pero cuando a algunas de estas familias les llegó el momento de sufrir la desaparición de alguno de sus familiares, entonces la vida les cambió.

Es duro que el ser humano cambie solo a fuerza de golpes, porque así nos pasa. Procesos de cambio progresivos, paulatinos los hacemos, pero muchas veces lo que nos cambia es un suceso de tristeza, de dolor que nos afecta personalmente y que nos hace comprender en el corazón el dolor de los demás. Compartir el dolor de los demás es un asunto muy difícil. Decir”yo comparto tu dolor”, no sé hasta que punto sea verdad. Tienes intención de compartirlo, pero meterse en el dolor de otra persona es imposible, porque la experiencia del sufrimiento personal es tan profunda, es tan única, es tan íntima… Solo cuando vivimos las experiencias en carne propia entendemos lo que los otros viven.

En América Latina, a pesar de la creación de gobiernos democráticos, todavía no hemos logrado alcanzar, y en América Central menos, formas participativas justas y reales en los procesos económicos. Les pondré un ejemplo.

En estos momentos se está planteando en Méjico, fue una idea del presidente Fox cuya gestión como presidente está siendo fuertemente criticada como pude comprobar en los medios de comunicación, la realización de un plan de desarrollo denominada por el Plan Puebla-Panamá. Como su nombre indica es un programa de desarrollo que se extendería desde Puebla, en Méjico, hasta Panamá. Se habla de una inversión de 9000 millones de dólares inicialmente para crear infraestructura, mayores fuentes de energía, puestos de empleo, etc.

La gran crítica que nosotros, desde América Central, le hemos dado a conocer a los que están trabajando en este proyecto, a través siempre del PNUD que convocó el año pasado una reunión para hablar del tema y de la situación de pobreza en América Central e invitó a los obispos de América Central para que participáramos es la siguiente: ¿están ustedes teniendo a la sociedad civil, han tenido en cuenta a las comunidades indígenas por donde va a pasar este proyecto? Y la respuesta es: estamos tratando de hacerlo, vamos a hacerlo. Pero mientras piensan hacerlo, ellos siguen con la ejecución de sus planes.

¿Qué nos va a traer este plan de beneficio real para las grandes mayorías empobrecidas de América Central? Esta es la gran duda. ¿Quien se va a quedar con los mayores beneficios de este programa de desarrollo? Uno, prejuiciosamente pero con razón, es decir no tan prejuiciosamente, piensa: los más ricos son los que van a tener mayor acceso.

Hace dos años tuvimos una discusión con la Cámara de las Asociaciones del Comercio, la Industria y la Agricultura de Guatemala. Esta cámara es la asociación todopoderosa del país, ella maneja todo el tema económico, aunque últimamente ha venido perdiendo fuerza porque el gobierno actual ha favorecido la aparición de un nuevo sector de gente rica que le está haciendo el contrapeso, lo que por un lado es bueno.

Vinieron a la Conferencia Episcopal a plantearnos sus programas y decían: “queremos que haya mayor productividad en este país, cuando haya mayor productividad, este país va a tener riqueza para todos”. Nosotros les respondimos: ¿y cómo quieren ustedes que haya mayor productividad en este país si la gran mayoría de jóvenes de este país no tienen acceso a una educación formal, si no hay escuelas técnicas para ellos, si ni siquiera pueden acceder a los estudios universitarios, menos todavía, si ni siquiera tienen acceso a los estudios medios? ¿Cómo pueden hablar ustedes de productividad? Comencemos por ahí.

Una de las grandes verdades que ha puesto de manifiesto el sistema económico fundamentado en la agroexportación del café en América Central es que ésta no ha generado riqueza para todos, ha generado riqueza para los dueños de las fincas. Y ahora que estamos atravesando una gran crisis en los precios del café la consecuencia inmediata es el despido de la gente que trabaja en el café. ¿Y qué hace esa gente ahora? No saben más que cortar café. Yo siempre lo he dicho: el sistema de fincas en Guatemala es un sistema casi feudal, porque esclaviza a las personas. No tienen ni siquiera el derecho de ir el domingo a la misa porque tienen que trabajar.

¿Qué esperanza puede tener un país cuando un niño a los diez años comienza a cortar café, y lo hace a los once, a los doce, a los trece, a los catorce, a los quince y a los dieciséis, y después la única alternativa que ve es casarse, tener hijos y seguir cortando café, y luego cuando su hijo tiene diez años vuelve a hacer lo mismo que su papá y así sucesivamente? ¿Qué esperanza puede haber para que un país sea productivo y competitivo en el mercado mundial? Da risa escuchar estas afirmaciones. Da risa, por no llorar y mejor llorar que enojarse y volverse violento porque al final esa es la gran tentación que uno tiene.

En América Central, los gobiernos no logran formas participativas, justas y reales en los procesos económicos porque los mecanismos que regulan la economía son todavía verticales. El que tiene dinero es el que manda y la gran pregunta es: ¿quién tiene el dinero, quién maneja los capitales? En este sentido, el poder globalizante favorece a las grandes corporaciones, al sistema bancario financiero, a la industria, a la informática,… Las grandes empresas transnacionales se hacen cada vez más poderosas imponiendo las reglas del juego para aumentar su monopolio. La Globalización tiene como soporte el dios de la especulación, de la inversión y de la producción.

A mí me da risa, por no usar otra expresión, cuando allá en los países de América Central uno escucha las predicaciones de los grupos evangélicos: “ustedes los católicos están condenados porque adoran imágenes”. Yo cuando tengo la oportunidad de hablar con algún evangélico, que son pocas veces porque no se acercan fácilmente a uno y cuando lo hacen no es que sean muy dialogantes, les pregunto: ¿ustedes se han dado cuenta de cuales son las nuevas idolatrías que hay ahora?. La nueva idolatría es la idolatría del capital, del dinero. Y esto la Globalización lo hace todavía más fuerte.

Son más lucrativos los circuitos del mercado financiero que los bienes de consumo indispensables para satisfacer las necesidades humanas y en este sentido la economía global es contundente, crea dependencia, impone sus intereses, su visión de vida, causa sumisión y conformismo social. Ahora estamos en el tiempo de la automatización, de la informatización, de la robotización, vinculado a las tecnologías de punta y en esta lógica, el trabajo humano y la materia prima empiezan a ser menos significativas.

Hay una hermosa encíclica que el Papa Juan Pablo II escribió sobre el trabajo y uno de sus puntos clave es que “el trabajo humano vale por ser trabajo humano”. No importa el trabajo que tu hagas, si es trabajo es humano y lo humano vale. Y en mis tiempos de estudiante de teología, hace ya muchos año, yo leí un libro del Padre Delvá que se llamaba: “La crisis del humanismo ateo”. Seguimos en una crisis de humanismo, porque lo que ahora está en juego es el destino de la humanidad, del ser humano.

Anoche estaba leyendo un librito que me dejó el Señor Jarauta sobre la Globalización que dice: “necesitamos recuperar el sentido de que todos somos ciudadanos de un planeta que se llama Tierra”. Ustedes viven aquí, yo vivo en Guatemala. Sin embargo, ¿por qué ustedes están interesados en América Central? ¿Por qué yo acepto venir a compartir mi tiempo con ustedes? Porque estamos interesados en esto que se llama Tierra, donde todos nosotros vivimos y donde todos y cada uno de nosotros queremos de verdad que todos tengamos el mismo acceso a una mejor calidad de vida. Esa no es la idea del sistema global, al sistema global le interesa el dinero, le interesa el capital.

Para los países latinoamericanos el proceso de conquista y colonización de hace cinco siglos marcó el inicio de la imposición de un sistema económico y social que dura hasta nuestros días. Con la revolución industrial, el capitalismo se afianzó de forma definitiva estableciendo mecanismos de relaciones de explotación y desigualdad que todos estamos sufriendo.

El primer obispo de Guatemala, Francisco Marroquí, que era de España y fundó la primera Universidad de Guatemala, la Universidad de San Carlos, que entre paréntesis atraviesa una crisis increíble, le escribió una carta al rey de España en donde en términos semejantes decía lo siguiente: “Yo le pido a su majestad que por favor ordene que los indígenas de las tierras altas de Guatemala no bajen a las costas a trabajar porque de cinco que bajan dos se quedan muertos abajo y tres regresan enfermos”. Hace quinientos años el primer obispo de Guatemala dijo esto y desde hace quinientos años sigue pasando lo mismo.

La emigración de los indígenas de las zonas altas de San Marcos a las zonas costeras de Guatemala y a la zona de Chiapas, año tras año, se repite del mismo modo. Cientos de cientos de cientos de personas que los bajan en camiones como si fueran ganado a trabajar en las fincas de café. Si ustedes vieran cómo los transportan… Ya hemos tenido casos de accidentes graves porque el camión iba sobrecargado y se le fueron los frenos en la bajada y murieron quince o veinte y los entierran y sin novedad. No hay derecho a exigir indemnización, de exigir un resarcimiento económico. Es como que la vida humana no tuviera ningún valor, como si estas personas no fueran personas.

Esto me remite de nuevo al tema del racismo, que tiene que ver indudablemente con el tema de la Globalización, porque si hay un sistema económico que me está diciendo “tu vales por lo que produces, no por lo que eres”, entonces si no puedo hacer nada, no valgo.

Una indígena quiché, antropóloga y que había trabajado en los medios de comunicación, vino a trabajar con nosotros en el programa de Pastoral de la Tierra que tenemos en la diócesis. Fuimos juntos a Ciudad de Guatemala donde tuvimos un encuentro con autoridades del gobierno para plantearles nuestra propuesta de desarrollo humano y de reforma del sistema caficultor, que solo ha generado pobreza. En la noche, quisieron ir a divertirse un poco y fueron a un lugar, a un club nocturno de Guatemala para platicar y a ella no la dejaron entrar porque llevaba su traje indígena. Los compañeros reaccionaron y la defendieron pero al final se fueron a otro lado. Poco después ella comenzó una campaña de información sobre el racismo en la sociedad de Guatemala. ¿Por qué os cuento todo esto? Por lo que decía: si tú no eres considerado persona por ser persona, sino por lo que produces… ¡Cuidado! De ahí a negar otros derechos no hay mucha diferencia.

En todo este fenómeno de la Globalización, hay ahora lo que llaman la “trinidad pagana”. ¿Qué es la trinidad pagana? La trinidad pagana es: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Internacional del Comercio. Esta es la Trinidad Pagana que está determinando el rumbo que la humanidad que vive en este planeta tiene que seguir. ¿Es posible esto? Más que posible. Es real. Por eso, toda esta situación ha hecho que durante los últimos tiempos los pueblos centroamericanos hayan visto deterioradas sus convicciones socioeconómicas de vida. Al grado, que un alto porcentaje de la población vive entre la pobreza y la extrema pobreza. ¿Qué quiere decir pobreza y extrema pobreza? Este es un punto muy importante. Yo hago aquí una relación directa entre el concepto de pobreza y el concepto de desarrollo humano.

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2 respuestas a Efectos de la globalización en Centroamérica (2nda parte) – Mons. Alvaro Ramazzini

  1. Luis Paulino Vargas Solís dijo:

    Admirable y conmovedor el testimonio de este obispo. Al comentar la primera entrega, dije que su planteamiento era vivencial más que académico. Corrijo: es académico por su sustento subyacente y vivencial por el lenguaje y el estilo discurso. Una hermosa síntesis de la cual conviene sacar enseñanzas. Por lo demás, resalto, textualmente, las siguientes expresiones de Monseñor Ramazzini: “Anoche estaba leyendo un librito que me dejó el Señor Jarauta sobre la Globalización que dice: ‘necesitamos recuperar el sentido de que todos somos ciudadanos de un planeta que se llama Tierra’. Ustedes viven aquí, yo vivo en Guatemala. Sin embargo, ¿por qué ustedes están interesados en América Central? ¿Por qué yo acepto venir a compartir mi tiempo con ustedes? Porque estamos interesados en esto que se llama Tierra, donde todos nosotros vivimos y donde todos y cada uno de nosotros queremos de verdad que todos tengamos el mismo acceso a una mejor calidad de vida. Esa no es la idea del sistema global, al sistema global le interesa el dinero, le interesa el capital”. Es plenamente coincidente con nuestra concepción de estos asuntos en el CICDE, especialmente en el Programa Globalización, Cultura y Desarrollo.

    • Andrey Pineda dijo:

      Luis Paulino, coincido plenamente con vos, es admirable y conmovedor el testimonio de este señor. Y bueno, decir y denunciar todo esto desde Guatemala -como el mismo lo dice- es todavía más valiente, ya que por lo que he leído ha llegado a recibir amenazas de muerte.
      Por otro lado -a propósito de su rigurosidad académica-, me llama la atención esto que dice: “A mí me da risa, por no usar otra expresión, cuando allá en los países de América Central uno escucha las predicaciones de los grupos evangélicos: “ustedes los católicos están condenados porque adoran imágenes”. Yo cuando tengo la oportunidad de hablar con algún evangélico, que son pocas veces porque no se acercan fácilmente a uno y cuando lo hacen no es que sean muy dialogantes, les pregunto: ¿ustedes se han dado cuenta de cuales son las nuevas idolatrías que hay ahora?. La nueva idolatría es la idolatría del capital, del dinero. Y esto la Globalización lo hace todavía más fuerte”. Esta afirmación no es académica en el sentido estricto, más bien tiene una matriz inminentemente religiosa; sin embargo, me llama la atención por iluminadora, y porque coincide con la crítica de Marx sobre el fetichismo de la mercancía y de las relaciones humanas en el capitalismo, cosa que han señalado en reiterados trabajos académicos Franz Hinkelammert y Helio Gallardo (http://movimientos.org/grito/show_text.php3?key=208).

      Nota: en el Blog ARP hay dos videos de Ramazzini muy interesantes.

      Saludos

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