Estado Laico en Costa Rica: Contribuciones al debate.

Como es bien conocido, Costa Rica es, por mandato constitucional[1], un Estado católico apostólico y romano, lo que nos convierte en un Estado confesional (uno de los pocos en todo el continente americano). No obstante, y pese a la norma constitucional, en los últimos años se ha venido dando un debate[2] en nuestro país respecto de la pertinencia –o no- de mantener el carácter confesional del Estado costarricense. Algunas personas han sugerido eliminar el artículo 75 de la constitución, para dar paso así a un Estado laico, incluso se llegó proponer[3] –en el año 2009[4]– un proyecto de ley que reformaría este artículo junto con el 194[5]; sin embargo, el mismo no contó con el apoyo de la mayoría de las y los diputados, por lo que rápidamente fracasó.

No es de nuestro interés –al menos en esta publicación- exponer las razones que se dan –por parte de los grupos interesados- para eliminar el artículo 75 de la carta magna, ni tampoco dar a conocer nuestra propia posición al respecto, lo único que deseamos en seguir fomentando el debate, el cual nos resulta sumamente sano y necesario, y por qué no, en las condiciones sociales contemporáneas, también inevitable.

A finales del año pasado tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación del libro la Iglesia Católica en la historia nacional: desafíos y respuestas de Miguel Picado. En el espacio destinado a las preguntas, un joven estudiante de teología formuló una pregunta dirigida tanto al Dr. Picado como al filósofo Arnoldo Mora –quien  estaba invitado a la actividad como comentarista- respecto del debate al que hemos aludido. Así pues, en el blog ARP nos dimos a la tarea de transcribir y compartir la pregunta y, por supuesto, sus respectivas respuestas. La idea es que podamos pasar después a comentar y debatir (ahora sí), la propuesta de convertir al Estado costarricense en uno de carácter laico, por lo que la trascripción que acá les compartimos se convierte nada más en una respuesta generadora de discusión.

 

Sin más, les dejamos con la pregunta y sus respuestas:

 

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Pregunta: En los últimos tiempos ha surgido en nuestro país el tema del Estado laico, la pregunta es ¿Consideran que la declaración de Costa Rica como Estado laico sería una ofensa al aporte histórico de la I.C en el país, o bien, podría ser una oportunidad beneficiosa para la misma I.C?[6]

Respuestas:

Miguel Picado: Yo tengo una opinión muy particular al respecto. A mi en lo personal no me gusta el laicismo, nuestra historia no es –por ejemplo- la de Francia que tuvo que sacudirse de la Iglesia en procesos muy complicados, no creo que debamos importar problemáticas que no son las nuestras. Entonces yo más bien apuesto por un Estado pluriconfesional (esa es una idea que creo es sólo mía y completamente discutible), así como hay Estados pluriculturales. Hay Iglesias, además de la católica, que tienen derecho a ser escuchadas y, en algún sentido, promovidas por el Estado, pienso por ejemplo en la Iglesia de San Marcos[7], pienso –por supuesto- también en los indígenas, y en otros grupos, los judíos por ejemplo.

Es que el laicismo no es un valor, en un mundo donde hay tanta pérdida de valores ¿para qué sumar en esa dirección? Eso sí, hay que romper con el monopolio del catolicismo, mismo que se dio por razones históricas, pero que hoy no tiene razón de ser.

Arnoldo Mora: En primer lugar el laicismo es un fenómeno cultural, o sea, no depende de la Iglesia. Estamos viviendo en una sociedad que Nietzsche definió como aquella en la cual Dios ha muerto, qué quiere decir esto, quiere decir que las confesiones religiosas dejan de ser religión. El ser humano es un animal religioso, si no adora un dios adorará el dinero, o le levantará una Iglesia a Maradonna, o sea, el ser humano busca siempre una forma de culto, lo que pasa es que ya ese culto no se centra en las Iglesias, y eso se debe a la más grande revolución cultural de la historia (en 1900 sólo el 10% de la humanidad vivía en ciudades de más de 10 millones de habitantes, hoy día más del 50% de la población vive en ciudades, y eso cambia radicalmente todo, hasta nuestra concepción de lo trascendente).

Respecto del Estado laico en nuestro país, tengo entendido que lo que se va a negociar es firmar un concordato con el vaticano, es decir, el objetivo no es solamente nombrar un sucesor a Hugo Barrantes el próximo año (pues el gobierno quiere tener alguien que le sea cercano, afín, etc.), sino que la Iglesia pueda mantener una serie de privilegios independientemente de que se suprima o no el artículo 75 de la constitución.

En el fondo es visto más bien como un fenómeno político que como lo que realmente es, o sea, como fenómeno cultural, y como tal es absolutamente irreversible, Hegel ya lo decía: la diferencia entre la edad media y la moderna hasta en que la edad media Dios es Dios de todos los días y hoy es un Dios si acaso de cada domingo, o sea, que el ser humano adquiere conciencia de su propia capacidad de crear y de crearse, eso se debe a la revolución científico-tecnológica (la más grande y más profunda en la historia), y eso repito es un fenómeno irreversible. De lo que hay que preocuparse es de la que tiene que ver con la diferencia entre cristianización y evangelización, cristianización es imponer una religión como ideología del Estado. Actualmente debemos repensar una concepción de una religiosidad dentro de una sociedad inminentemente citadina donde ya la división rural de lo sagrado desapareció, donde la naturaleza –digamos- deja de ser una fábrica de dioses para ser fundamentalmente una fuente de interpretación científica, entonces la pregunta es ¿qué sentido tiene una concepción de lo trascendente, una espiritualidad (fundamental en todo ser humano) en la actualidad? Esa es la cuestión que debe plantearse la teología hoy día.

 

 

 

 

 


[1] Artículo 75. “La Religión Católica, Apostólica, Romana es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres”.

[2] Si es que se le puede llamar así, ya que hay algunas personas que ni debaten ni escuchan.

[3] Movimiento por un Estado Laico en Costa Rica:

[5] Artículo 194. “¿Juráis a Dios y prometéis a la Patria observar y defender la Constitución y las leyes de la República, y cumplir fielmente los deberes de vuestro destino? -Sí, juro. – Si así lo hiciéreis, Dios os ayude, y si no, Él y la Patria os lo demanden”.

[6] Pregunta realizada por un estudiante de teología de la UNED, dirigida al Dr. Picado y al Dr. Mora. Presentación del libro la Iglesia Católica en la historia nacional: desafíos y respuestas de Miguel Picado, lunes 22 de nov, paraninfo de la UNED.

[7] San Marcos Bautista en Limón.

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3 respuestas a Estado Laico en Costa Rica: Contribuciones al debate.

  1. El posible problema con la idea de un estado pluriconfesional, es que supone que “todo mundo” tiene alguna confesión, sea esta la que fuere. Pero no necesariamente es el caso. También hay personas no creyentes que no por ello dejan de ser (o no deberían dejar de ser) ciudadanas de Costa Rica, que deberían disponer de todos los derechos inherentes a esa condición, y no tan solo con las respectivas responsabilidades. Por otra parte, es como mínimo cuestionable que se mire el laicismo como un no-valor ¿es que acaso la ética y la moral son patrimonio exclusivo de las religiones? Esa es ciertamente es una apreciación inexacta.

  2. Andrey Pineda dijo:

    Estoy de acuerdo. En lo personal considero que el Estado debe ser tan ‘neutral’ como sea posible, o bien, comprometido con la diversidad propia del país. ¿Qué quiero decir con eso último? Pues bien -rescatando la idea de los Estados pluriculturales-, se trata de la posibilidad de que el Estado reconozca y respete (lo que tendría que verse reflejado en el orden jurídico) las diferentes formas de ser (modos de vida) presentes en el país, incluyendo, por supuesto, a los diferentes credos y prácticas religiosas, eso sí, sin contribuir a su mantenimiento. Se me ocurre -por ejemplo- que el principio de libertad de culto es un buen parámetro para un Estado que pretenda fomentar las diferentes manifestaciones espiritualidades. Sin embargo, sobre este tópico hay muchas tela que cortar…

    Por otro lado, coincido, en absoluto las religiones tienen el monopolio de los valores. Ni que darle vueltas al asunto.

  3. Dagoberto Núñez Picado dijo:

    Amando Robles también señala la pérdida de vigencia del factor religioso como fuente exclusiva de la ética del mundo moderno y subraya esa situación como razón principal de la crisis religiosa contemporánea: ese proceso es irreversible. Y Arnoldo lo señala también.

    El capitalismo /en su desarrollo/ arrastra -tras de sí- un modelo de producción científico tecnológica que radicaliza su patrón dejando al mundo huérfano de sentido, toda vez que ese modelo se muestra absolutamente irresponsable de sus propios procesos: en conclusión -como ya fue dicho por Mora- lo religioso (al menos en Occidente) no es más el productor de sentido ético ante la ciencia y la tecnología, y estamos en un contexo político en el cual la economía neoliberalizada atenta, por su parte, con la desaparición (por debilitamiento) de las formas responsables de un Estado Social.

    Agradecidos con los comentarios de Miguel, de Don Arnoldo y Luis Paulino. Lo del Estado Pluriconfesional -ya lo señalaba Luis Paulino- necesitaría ser planteado teniendo en cuenta algunas objeciones, que Miguel mismo reconoce en la medida en que subraya que podría ser una posición exclusiva y discutible. Agradezco a don Arnoldo Mora poner el dedo en la llaga con el punto sobre el carácter cultural del hecho religioso y el deber de sacarlo del ámbito sólo político a que se acostumbraron las jerarquías (político-religiosas) tradicionales; esa tendencia descuida mucho de la naturaleza amplia (simbólica) del fenómeno “per se” cuyo fondo es más rico y ha demostrado -en la tradición teológica latianoamericana- poseer un aporte revolucionario. Aunque ahí también cabe matizar al preguntarnos por donde andan los nuevos sujetos revolucionarios de la fe antropológica, como decía Juan Luis Segundo.

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