Una Misa Tuitera – Radio Maria Costa Rica 26/01/11

En Twitter, el fenómeno de encontrarse con otros no solo llegar a ser por computadora… Las fiestas organizadas por tuiteros para pasear, tomarse unos traguitos o simplemente para compartir un café ha sido un fenómeno que humaniza completamente a la red pues da la oportunidad de verse en persona.

Días atrás se les ocurrió a algunos tuiteros participar de una #misatuitera. La iniciativa la propuso Ricardo Retana (@chuletta) y fue apoyada por el cura Alvaro Sáenz (@liturgo), director de Radio María Costa Rica.

El tema atrajo a varios tuiteros y el grupo sigue creciendo. La misa será el domingo 30 de enero a las 10 a.m. en la parroquia de Nuestra Señora de Ujarrás, ubicada en Barrio Córdoba, Zapote. y será transmitida por Radio María Costa Rica tanto por web (www.radiomaria.cr) como por los 610 AM de la dial.

Fuente: Radio María Costa Rica

 

Se dice –con no pocos fundamentos- que la Iglesia Católica es una institución premoderna que perdura – y lucha por mantenerse –  en la modernidad. Esto es cierto en la medida que consideremos que los rasgos más característicos de su cuerpo doctrinal se constituyeron durante la antigüedad y, principalmente, durante la edad media, en dónde la Iglesia ocupó una posición más que privilegiada dentro de la vida social, no sólo en el ámbito religioso sino también a nivel político y económico.

En la edad moderna dos  movimientos históricos pusieron en jaque la hegemonía de la I.C, a saber: la reforma protestante (s. XVI) y la ilustración (s. XIII). Aunque diferentes, ambos procesos – por razones que no expondremos acá – desembocaron en un cuestionamiento generalizado (Al menos en Europa) de la Iglesia Católica. Posteriormente, con la consolidación del capitalismo, y del paradigma tecno-científico que le es propio, la Iglesia terminó de perder su preponderancia (no su presencia ni su influencia) dentro de la vida social, por ende, gran parte de sus privilegios y de su autoridad[1].

En términos generales, las condiciones socio-históricas que dieron origen y sustento al catolicismo no existen más; sin embargo, el mismo ha pretendido seguir funcionando como si nada hubiese cambiado[2]. De ahí que la jerarquía católica se comporte de forma tan reticente ante los cambios modernos.

Ahora bien, aún con toda la resistencia al cambio, el catolicismo ha tenido que ceder y adaptarse para sobrevivir, aunque no al ritmo que ameritan las circunstancias. La paradoja es la siguiente: ajustarse por completo a la modernidad implicaría su desaparición (en tanto institución premoderna[3]), y no hacerlo del todo también le conduciría mismo destino. Entonces ¿Qué tanto puede “modernizarse” la I.C?

La noticia que compartimos en esta ocasión ilustra el problema que nos hemos planteado. La institución católica – durante la mayor parte de su despliegue histórico – ha estado profundamente afincada en modelos parroquiales. Recordemos que las parroquias (del griego paroikía: habitar cerca) básicamente se definen territorialmente, es decir, comprenden un territorio específico y limitado. Pensemos – por ejemplo – en los pueblos de nuestro país, en los cuales siempre encontramos una parroquia católica (generalmente acompañada de la plaza de fútbol) como centro de la comunidad. La parroquia no solamente es un sitio de encuentro religioso, sino que es – o fue – una fuente de identidad y acompañamiento comunitario (tal como hemos visto en el caso de Palmares).

Esto es lo que hace la noticia interesante. El cura Álvaro Sáenz convoca a los “tuiteros”, que por definición ocupan un espacio virtual, a asistir a misa en lugares que no son – necesariamente –  territorio de su parroquia, lo que implica cierta “desterritorialización” de la institución católica.

Evidentemente presenciamos un fenómeno sintomático de los cambios a los que ha debido enfrentarse el catolicismo. Resulta un tanto irónico que la I.C este haciendo uso de las llamadas “nuevas tecnologías de la información “, toda vez que se le ha atribuido a estas un papel muy importante en la aparición y propagación del pluralismo religioso y, por ende, de la perdida del monopolio católico en ese ámbito.

Ni el pluralismo religioso ni la “desterritorialización” han sido buscados o producidos por el catolicismo. Ambos procesos son típicos de la sociedad contemporánea (Véase: Berger y Luckmann (1997). Modernidad, pluralismo y crisis de sentido.), de los cuales el catolicismo no ha podido escapar. El pluralismo le pone en una situación de competencia (usando la analogía de mercado) con otras ofertas religiosas y no-religiosas de sentido, es decir, ya no tiene la adhesión garantizada de sus fieles sino que debe luchar por mantenerla y, además, tratar de atraer nuevos y nuevas simpatizantes. Por otro lado, la “desterritorialización” responde a procesos de urbanización y de migración interna, los cuales generan desarraigos comunitarios y hacen que los antiguos modelos parroquiales se vuelvan inviables. En tal contexto no resulta – ahora- nada extraño que la Iglesia este implementando nuevas formas de proselitismo.

El uso de las redes sociales por parte de la Iglesia católica como forma de proselitismo comporta una “modernización” de la misma, en el sentido de ponerse a tono en el uso de las TIC’s, es decir, de generar nuevas formas de convocar y llevar el mensaje a las personas; sin embargo, no muestra señas claras de “modernización” del mensaje en sí, o en otras palabras, de su doctrina y de su acompañamiento social (sigue siendo profundamente excluyente de diversidad de sujetos). Simplemente trata de sacar provecho de una tecnología que está a su disposición y de la que forzosamente – en un contexto de competencia y “desterritorialización” – debe echar mano en aras de no desaparecer (perpetuar su capital simbólico).

¿Ustedes qué piensan? Realmente nos gustaría seguir discutiendo el tema.

 

 

 

 

 

 


[1] Tendríamos que contrastar esto con el caso latinoamericano, región con características socio-históricas muy diferentes a las europeas, mas no es la intención de la presente publicación.

[2] En Latinoamérica lo consiguió durante muchos años con relativo éxito.

[3] Hacemos está aclaración ya que creemos que la I.C podría “modernizarse” de tener la voluntad; no obstante, esto requeriría de un cambio radical en su cuerpo doctrinal (o prescindir del todo de éste) y de nuevos y verdaderos acompañamientos sociales, actitud que, por lo menos desde su máxima jerarquía, no se deja ver por ninguna parte.

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