Educación religiosa, ¿para qué? – Un artículo de José Mario Méndez

Hace algún tiempo nos preguntábamos “¿Para qué clases de religión en Costa Rica?”, cuestión que transparentemente alude a la pertinencia de la educación religiosa en nuestro país, y sobre la cual hemos querido dedicar algunas reflexiones en este espacio. En el aquel momento poníamos en duda la pertenencia de la impartición dicha materia a la luz de la diversidad cultural y religiosa de la Costa Rica de hoy, y señalábamos:

Consideramos que, aún cuando obstinadamente se insistiese en mantener la enseñanza de la religión, al menos sería sensato orientarla desde una perspectiva no-confesional. Podría comprender, por ejemplo, la historia de las “grandes religiones” (sin omitir sus abusos), haciendo especial énfasis en lo que tengan de ecuménicos y humanistas sus respectivos sistemas axiológicos. De la misma forma, podría – más bien, debería – acercarse a las tradiciones espirituales vinculadas a los pueblos originarios de América, por ejemplo la maya, culturalmente tan cercana a nosotros. Sólo por mencionar algunas alternativas.

Evidentemente nuestra duda respecto de la conveniencia o deseabilidad de la impartición de dicha materia, en las escuelas y colegios del sistema de ecuación pública, iba dirigida – principalmente – a la enseñanza confesional (católica apostólica romana) de la religión, misma que convierte a esta materia en una suerte de extensión del catecismo católico. Situación que – sin mayores miramientos o temores – denunciamos como inapropiada y excluyente, esto a la luz de la diversidad de creencias y modos de vida presentes a lo largo y ancho de Costa Rica.

A propósito de esta polémica encontramos un artículo escrito por el actual director de la Escuela Ecuménica de la Universidad Nacional, José Mario Méndez Méndez, intitulado “Educación religiosa, ¿para qué?” . En este el autor defiende una enseñanza de la religión, y por ende su pertinencia, que implique un conocimiento crítico de las distintas tradiciones religiosas, orientado a identificar y valorar en ellas posibilidades para humanizar la convivencia […]. Postura que nos resulta bastante sugerente, lo que nos motiva a compartirla hoy con quienes nos leen; en aras, claro está, de implicar más voces en el debate. Ojalá podamos contar también con las de ustedes en nuestro blog.

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Educación religiosa, ¿para qué?

En el debate actual sobre la educación religiosa en Costa Rica se pueden identificar al menos cuatro posturas: la de quienes consideran que la escuela pública debe prescindir de toda forma de  educación religiosa; la de quienes creen que la educación religiosa debe mantenerse en la escuela y debe, además, conservar su carácter católico; la de quienes optan por una educación religiosa ecuménica, capaz de acoger los aportes de las tradiciones religiosas de quienes participan en los procesos educativos; la de quienes proponen una educación religiosa entendida como conocimiento crítico de las distintas tradiciones religiosas, orientado a identificar y valorar en ellas posibilidades para humanizar la convivencia, sin que importe si las personas que participan en los procesos educativos son o no creyentes.

Esta última postura parece ser la más adecuada para la escuela pública de Costa Rica, por ser este un país cada vez más multirreligioso y porque en nuestro contexto cada vez más personas dirigen sus búsquedas de sentido hacia “lugares” que están fuera de las religiones. Se trata de una educación religiosa que se hace cargo de las creencias y de las no creencias de las personas.

Y…, ¿para qué?: Para aprender a comprender críticamente y de forma propositiva el fenómeno religioso en Costa Rica y en el mundo; para identificar y valorar las posibilidades humanizantes de las tradiciones religiosas presentes en el país; para discernir los elementos deshumanizantes de tales tradiciones;  para mejorar la convivencia cotidiana, en la escuela y fuera de ella, de personas con distintas referencias religiosas y personas “no creyentes”; para comprender la forma en que las tradiciones religiosas han determinado a las culturas costarricenses; para aprender a respetar y valorar las razones para creer y las razones para no creer de quienes conviven en los ambientes educativos y en su entorno; para valorar las distintas miradas creyentes y no creyentes sobre la realidad, sobre el ser humano, sobre la vida, la muerte y la convivencia humana; para aprender a superar todas las formas de discriminación, especialmente aquellas originadas en la creencia o no creencia de las personas; para promover, desde las creencias y no creencias, un compromiso de lucha conjunta por causas compartidas como la paz, la justicia, la defensa del medio ambiente; para superar los dogmatismos religiosos y no religiosos que nos impiden establecer relaciones de paz.

No es necesario eliminar la educación religiosa de la escuela pública. Pero sí es impostergable transformarla en un ejercicio de convivencia, de producción de saberes fundados en el diálogo, en el conocimiento crítico de las tradiciones religiosas, y en experiencias de aprendizaje orientadas a humanizar la convivencia. La Sala Constitucional ha solicitado al Ministerio de Educación Pública modificar los planes de estudio de Educación Religiosa y considerar otro perfil de la persona educadora. Este es un buen momento para iniciar un diálogo honesto e inclusivo orientado a convertir la educación religiosa en un espacio inclusivo, del que nadie tenga que ausentarse (como sucede con cerca del 40% de los niños, niñas y adolescentes de este país) por causa de su creencia o no creencia.

* Tomado del Blog amigo “Sortilegios Educativos”, en donde se publicó el artículo el 16 de agosto del 2011.

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2 respuestas a Educación religiosa, ¿para qué? – Un artículo de José Mario Méndez

  1. Fernando Chaves dijo:

    Sin mucha malicia:
    Transcribo dos preguntas que me hicieron estudiantes acerca de este tema:
    1)¿ Puede ser docente de Educación Religiosa una profesora divorciada?
    Lo que llevó en automático a:
    2)¿Y si la señora en cuestión es homosexual, le retirarán de ese puesto?
    Los especialistas ubican más de una docena de modelos de núcleo familiar, pero la religión sólo uno. Esto lo menciono para sostener que “afuera” de las aulas se vive a un ritmo muy diferente a lo que ocurre “dentro” de las aulas. Hasta he detectado una especie de hipocresía en el comportamiento estudiantil, pues al salir se transforman por completo.
    Tengo estudiantes que han perdido un año lectivo por la materia “Biblia”, de un colegio de corte evangélico. Sin perder su afiliación religiosa recurren a un colegio académico, en donde eximidos de ello, logran pasar de año.
    Termino con un curioso comentario de uno de esos alumnos que tiene “libre” ese rato.
    “… el Pastor de mi Iglesia creé que yo soy una Oveja …no entiende que yo seré quien compre la Lana de su Rebaño”

    • Estimado Fernando:

      Muy ilustrativos sus ejemplos a propósito de la problematización que hemos planteado, sobre todo porque han sido tomados de su propia experiencia. Sin duda es un tema que se las trae, aún hay muchas aristas del problema que no han sido abordadas y que ameritan, sin duda alguna, ser discutidas. Lo ideal sería que sean los mismos jóvenes quienes se pronuncien sobre estos temas, ya que finalmente son ellos y ellas quienes disfrutan o padecen los procesos educativos.

      Un saludo y gracias por el valioso comentario.

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