UNED llevó a cabo tertulia: “Separación iglesia y estado en Costa Rica ¿Es posible?, ¿Es deseable?”

El siguiente link conduce al audio de la actividad, para quienes tengan el gusto de descargarlo: Tertulia: Ética laica y mentalidad contrarreformista en Costa Rica

UNED llevó a cabo tertulia: “Separación iglesia y estado en Costa Rica ¿Es posible?, ¿Es deseable?” PDF Imprimir E-mail
Escrito por Renzo Alfredo Kcuno Aimituma
Lunes, 13 de Agosto de 2012 17:02
Temas giraron en torno a un diálogo académico pluralista en relación con la laicidad del Estado y la fundamentación ética, filosófica y política


Actividad se realizó en el marco del ciclo de conferencias que lleva a cabo el CICDE desde principios de este año.

Actividad se realizó en el marco del ciclo de conferencias que lleva a cabo el CICDE desde principios de este año.Religión, ética, moral, Estado confesional, Estado laico y otros temas se discutieron en la tertulia “Separación iglesia y estado en Costa Rica ¿Es posible?, ¿Es deseable?”. Dicha actividad se realizó en el marco del ciclo de foros acerca de desarrollo que promueve el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE) de la Vicerrectoría de Investigación.

La actividad se realizó en la sede central de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) Fernando Volio Jiménez. Para ello, el CICDE invitó a Ana Lucía Fonseca, profesora de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica (UCR) y a tres invitados especiales que fungieron como comentaristas en la tertulia, entre ellos, Kattia Castro, teóloga luterana y miembro de los movimientos feministas, Marco Castillo, abogado y activista de las poblaciones sexualmente diversas y Miguel Picado, Padre, doctor en Teología y doctor en Historia.

Las intervenciones por parte de los expertos fueron diversas, por ejemplo, Ana Lucía Fonseca destaca que en el tema de ética, moral y religión se tiene que tomar en cuenta que toda religión implica una moral, pero no toda moral implica una religión. Es decir, cualquier religión propone un conjunto de valores sobre lo bueno y lo malo, una manera de guiar las costumbres. Sin embargo, no toda moral implica una religión.

“Muchas personas tienen moral, es decir, valores sobre lo bueno y lo malo, sin aceptar un determinado credo religioso. Una persona atea, por ejemplo, tiene una moral aunque no tenga una religión. ¿Qué quiere decir esto? Que puede haber moral sin religión, pero no religión sin una propuesta moral. Lo que sucede es que en los fundamentalismos religiosos (¡y hay muchos!) sus dogmas se autoproclaman como única verdad y excluyen cualquier otra posibilidad. Por esta razón se han dado las guerras de religión, porque cada una cree que todas las demás están equivocadas”, manifestó Fonseca.

“Desde el punto de vista cultural no es posible hablar de una moral única o universal. Una pregunta que quizás ustedes me harían en este momento es si existe una moral o muchas. De acuerdo con lo que he planteado, de la misma manera que existen costumbres diferentes, existen también morales diferentes. Cada sociedad o grupo humano juzga los actos individuales y colectivos a partir de valores; el contenido de los juicios morales es cultural y lo que a ustedes les parece sagrado puede resultarle inmoral o ridículo a un hotentote o a un danés”, agregó.

Pero ustedes tienen que saber que todo fundamentalismo religioso, político o de cualquier otra índole, habla de “moral universal”, de valores absolutos (valores absolutos son aquellos que no dependen de ninguna condición, que se sostienen solos), y por supuesto estos valores serán los que cada fundamentalismo acepta.

Según los expositores, el Estado confesional es aquel que se adhiere a una religión específica, es decir, declara una religión oficial, por lo tanto, los valores religiosos determinan políticas públicas. En cuento al Estado laico, este se define como no adherible a ninguna confesión religiosa, ni a ninguna creencia en particular. Es neutral en materia religiosa.

Un Estado laico se basa en tres principios: separación entre iglesias y Estado (neutralidad religiosa); respeto absoluto a la libertad de conciencia y la no discrimina a la gente por credo, género, etnia, opción sexual, posición filosófica, etc.

Por su parte, Kattia Castro retomó el tema de del Estado laico y dijo que este no debe imponer criterios religiosos a la población, porque esto viola los derechos humanos religiosos el país debe de legislar con neutralidad. Además, instó a los presentes a dejar de lado las visiones totalitaristas para avanzar hacia la democratización desde varios frentes como el respeto por un marco internacional de derechos humanos; la búsqueda del mejoramiento de una legislación con más equidad; apreciar la complejidad de las sociedades y promover la libertad del pensamiento, libertad de conciencia y de convicciones, entre otras.

A juicio de Marco Castillo, en materia política hay cuatro artículos en la Constitución Política que se refieren a la religión y su injerencia en las políticas nacionales. Estas son: los artículos 194, 75, 74 y 28.

“El artículo 194 nos impone hacer un juramento basado en Dios y este tiene que ser católico, apostólico y romano, sin tomar en cuenta que hay quienes no creemos en Dios; otro artículo que para mí tiene que cambiarse es el 75 pues este declara la religión católica como oficial y el Estado está obligado a sostenerla económicamente; entonces, este artículo lo que hace es que nosotros los gay que no tenemos derechos a ser ciudadanos de primera clase tenemos que ser obligados a pagar impuestos para que se sostenga la religión católica que nos excluye. Asimismo, otros artículos son el 74, que llama la atención porque dice que el derecho laboral se basa en la justicia social de la iglesia y finalmente el artículo 28, que no se tiene que reformar pero que tampoco se cumple”, concluyó Castillo.

Para el Padre, Miguel Picado, la vinculación entre Estado e iglesia es perjudicial para esta última pues asegura que eso le resta su vertiente profética a la iglesia y pone en tela de juicio su accionar en el ámbito social, el cual es vinculada con acciones políticas que ejercen los gobiernos.

“Cuando escucho hablar a Marco Castillo y decir lo que dice pues a mi me da mucho dolor porque yo no me imagino a Jesús de Nazaret persiguiendo a nadie por su tendencia homosexual. En toda la sagrada escritura, en especial al antiguo testamento no existe ningún libro donde menciona el amor entre hombres o el amor entre mujeres. Entonces esos son temas totalmente marginales y la fe nos dice que hay que ser solidarios con el marginado, el pobre, con la mujer explotada, huérfano y ser tolerantes con lo que piensan los demás. Pero a todo este fenómeno yo le atribuyo una calamidad a la cual yo llamo cristiandad, por ahí del año 380, donde se piensa que todo ciudadano o todo súbdito del imperio Romano tiene que ser católico, ese es el gran meollo del asunto; entonces se piensa que se puede obligar a todas las personas a seguir fieles a esas normas occidentales”, culminó Picado.

rkcuno@uned.ac.cr

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