Sexualidad: don y responsabilidad. Parte I

Sexualidad: don y responsabilidad. Algunos insumos analíticos para entender la posición de la jerarquía católica costarricense respecto de las nuevas guías sobre educación sexual implementadas por el MEP

14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.

15 Como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Evangelio según Juan, Capítulo 10.

La creación y puesta en práctica de un nuevo programa de educación sexual por parte del MEP suscitó, a finales del año pasado (2012), reacciones de diversa índole, las cuales oscilaron, y lo hacen aún hoy, entre la celebración apologética de la iniciativa y la sanción intransigente de esta. Una de las instituciones que encarnó la última posición fue, ni más ni menos, la jerarquía de la Iglesia Católica Costarricense, la cual emprendió una serie de acciones para traerse abajo la entrada en vigencia de la nuevas guías, entre las que destacan la emisión de algunos comunicados oficiales en los que hacen explícita su postura.

Lo interesante de estos comunicados, entre los que destaca “Sexualidad: Don y responsabilidad”, es que no sólo manifiestan una posición con respecto a las nuevas guías sino que también comportan una visión positiva (en el sentido de propositiva) de la sexualidad humana. En otras palabras, los comunicados expresan una particular forma de entender tanto a la sexualidad como a los sujetos sexuales; concepción que, en el mismo movimiento, aspira a la creación de normas y prácticas sexuales. De manera tal que se trata de discursos que pretenden crear un “régimen de verdad”  respecto de la sexualidad.

Partir de este supuesto/constatación ayuda a ver que el poder ejercido por la Iglesia Católica no sólo comporta un componente represivo sino que también carga un poder de carácter profundamente creativo, el cual es, quizás, más importante y sobresaliente que el primero. En otras palabras, la Iglesia Católica más que reprimir deseos “innatos” (Freud), lo que busca, y ha buscado siempre, es moldear deseos y crear subjetividades.

Poder pastoral

Michel Foucault, en un esfuerzo dirigido a trazar la genealogía de las formas modernas de gobierno (de sí y/o de los otros) o de lo que él denomina tecnologías del yo[1], encuentra (en realidad interpreta) que estas se remontan a un tipo de poder de carácter inminentemente religioso. Un poder surgido en el seno del cristianismo, ejercido por un pastor (o grupo de ellos) sobre un rebaño (una población particular). El pastor tenía por función asegurar la salvación y la salud de su rebaño, y para esto debía agruparle y guiarle, es decir, conducirle por la senda adecuada. El rebaño, interesado en la salvación y despojado de la gestión autónoma de esta, no tenía otro remedio más el de sujetarse a la guía del pastor.

Esta relación desigual de carácter transaccional le concedía al pastor la facultad de ejercer un control sobre su rebaño y, sobre todo, de producir el tipo de normas y modelos de conducta que este debía asumir para alcanzar la salvación. Esto implicaba la creación todo un “régimen de verdad” que garantizara tanto la reproducción de la relación de protección/dependencia como el tipo de subjetividades y prácticas aptas para tales efectos.

Aunque Foucault destaca este tipo de poder, al que llama pastoral, para relacionarlo, en tanto antecedente, con el tipo de poder ejercido por el Estado moderno, lo cierto es que este sigue siendo la forma de poder ejercido en el seno de la mayoría, sino en todas, las iglesias cristianas de hoy, las cuales operan a partir del modelo pastor/rebaño, bajo el cual las jerarquías actúan como guías de la conducta y de la salvación de sus ovejas.  Tal como lo propone Pierre Bourdieu (2006 [1971]), siguiendo a Max Weber (2002 [1922]), las iglesias cristianas buscan, en orden de conseguir y asegurar su poder, hacerse con el monopolio legítimo de la producción, reproducción y de la gestión de bienes simbólicos de salvación; bienes que son demandados o requeridos por aquellos grupos cuyos habitus fueron influidos por la exposición prolongada a creencias y prácticas de índole religiosa (en realidad cristiana).

El poder pastoral, tal como lo caracteriza Foucault, no se ejerce únicamente sobre la comunidad sino que procura alcanzar también a cada individuo singular durante toda su vida y, ojalá, en cada uno de los aspectos de esta. Esto es importante para entender, por un lado, que este tipo de poder procura crear formas de gobierno tanto colectivas como individuales (gobierno de sí), y para comprender las razones que subyacen a la producción diferenciada de bienes simbólicos de salvación (Maduro, 1980) que opera a lo interno de las instituciones eclesiales cristianas, por el otro.

Por último, cabe anotar que se trata de un poder que se ejerce desde la “abnegación pura” y desde el “desinterés”; la preocupación que anima a los pastores no es otra que la de procurar el bienestar y la salvación de su rebaño. En este sentido, los pastores o, más específicamente, los grupos pastorales, harán todo lo posible por cubrir su accionar bajo un halo de sacrificilidad: todo lo que hacen, lo hacen sacrificándose a sí mismos.

El poder pastoral y la sexualidad

En Historia de la Sexualidad (2005), Foucault señala que la sexualidad fue uno de los primeros ámbitos de la vida, sin duda el más importante de ellos, al cual el poder pastoral (cristiano) aspiró moldear. A partir de una visión teológica que “separó” el alma del cuerpo y que atribuyó a este último el origen de todo pecado, y por tanto, de todo mal, el cristianismo creó una imagen negativa en torno al ejercicio más o menos libre de la sexualidad, y correlativamente, generó una idea acerca de lo que sería el adecuado ejercicio de esta.

El régimen de verdad creado por el cristianismo en torno a la sexualidad, se basa en una concepción según la cual la carne, en tanto generadora de todo tipo de deseos voluptuosos y desbocados, es la fuente de toda tentación, de todo pecado, y de todo mal; razones que ameritan, por supuesto, que se le desdeñe y se le controle.

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¿De qué forma se manifiesta este poder pastoral en la posición de la jerarquía católica respecto de las nuevas guías sobre sexualidad implementadas por el Ministerio de Educación Pública? ¿Qué tipo de sexualidad es la que promueven a través de sus comunicados? ¿Qué tipo de “verdades” acerca de la sexualidad pone o pretende poner a circular? ¿A cuáles sectores de la sociedad se orienta el mensaje?

Antes de esbozar respuestas a estas interrogantes, quisiéramos que cada uno de nuestros/as lectores/as juzgue por sí mismo/a. En una futura “entrada” de nuestro blog dedicaremos unas cuentas líneas al análisis del comunicado a la luz de las “categorías” introducidas hoy.

A continuación reproducimos el comunicado “Sexualidad: don y responsabilidad” de manera íntegra:

A la Opinión Pública:

Sexualidad: Don y Responsabilidad

Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, asumiendo una vez más nuestro grave deber de acompañar a nuestro  Pueblo, para que éste permanezca en la verdad, vemos la urgente necesidad de hacer de conocimiento público, nuestro pensamiento acerca del Programa de Educación para la Afectividad  y la Sexualidad Integra del Ministerio de Educación Pública (MEP). Nuestra intención es contribuir a la protección de nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

2. “Todos nos preocupamos profundamente por el bien de las personas que amamos, en particular de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Sabemos, de hecho, que de ellos depende el futuro de nuestra sociedad. Debemos, por tanto, preocuparnos por la formación de las futuras generaciones, por su capacidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal, por su salud, no sólo física sino también moral” (Benedicto XVI).

3. Nuestro punto de partida y a la vez de término de constante referencia, es la convicción de que el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26), es esencialmente sexuado. La visión cristiana de la sexualidad no puede ser más positiva; ella es un donde Dios Creador, y la persona humana, haciendo uso correcto de ella misma, está llamada a parecerse a Dios, en cuanto que la sexualidad está destinada por Dios  a ser sobre todo “lenguaje de amor”, y entonces también generadora de vida. No cabe separar el Amor de la Vida. Toda persona está llamada a la plenitud en la donación de sí misma en el amor.

4. Si la sexualidad le es esencial al ser humano, esto nos lleva a afirmar que todo proceso educativo que pretenda ser integral, debe implicar necesariamente una educación sexual en todas sus dimensiones o aspectos, desde el físico- biológico al emocional, al afectivo, al religioso- espiritual, al moral…

Brevemente: si toda persona tiene derecho a la educación, también tiene derecho a la educación integral para su sexualidad y su afectividad. Estamos tan convencidos de ellos, que una vez que advertimos la imposibilidad de un programa común de las Autoridades Educativas y nuestro, nos dimos a la tarea de publicar ya en el 2005, un breve texto-glosario para nuestros estudiantes con el título Sexualidad: Don y Responsabilidad, y en el 2009 publicamos los seis módulos (volúmenes) de Amor y Sexualidad, pensados y realizados por un  equipo de Padres de Familia, Educadores y Profesionales dela Antropología y Psicología. Toda persona de buena voluntad puede encontrar en ellos una fuente de inspiración y una guía segura para una formación integral, humanista y personalizante.

5. Nuestro SÍ rotundo a un programa de Educación para la Afectividad y la Sexualidad, es correlativo a un NO igualmente rotundo al Programa que el MEP proyecta ir implementando a partir del próximo año lectivo. Nuestro NO quiere ser también un apoyo franco y patente a muchos otros grupos que ya han manifestado su abierto rechazo de tal Programa. Por otra parte, no consideramos suficiente la resolución aparentemente “salomónica” de dejar a los Padres de Familia enviar o no enviara sus hijos a tales Programas. Si en sí mismo el Programa es parcial, moral y pedagógicamente perjudicial, lo es para todos.

6. No pretendemos aquí – por razones de brevedad – exponer todas las razones por las que juzgamos el Programa propuesto, gravemente dañino para nuestros adolescentes. Sin embargo, bastaría advertir que después de enunciar que la educación que ahí se propone pretende ser  integral, implicando también la dimensión espiritual, nunca se dice qué pueda significar tal dimensión ni es tenida en cuenta. Nunca se nombra a Dios, cuando la educación de valores tan altos como la afectividad y la sexualidad no pueden ser considerados “neutros”, es decir, desvinculándolos de la dimensión propiamente religiosa, como si lo son las matemáticas o la geografía… No podemos ignorar y prescindir totalmente del hecho de que los destinatarios de ese Programa son adolescentes que se han declarado en un 98.2% creer en Dios o en alguna forma de Ser superior y que de 10 de ellos, 7 afirman ser católicos. ¿Cuál es la razón por la cual las autoridades del MEP han invisibilizado la realidad socio-cultural de nuestros estudiantes?

7. En clara oposición con la pretendida educación integral, en el Programa propuesto se nos ofrece una declarada preferencia por un enfoque descaradamente hedonista (la palabra placeres quizá la más repetida). Por otra parte la insistencia en la ideología de género y en la diversidad sexual como “construcción cultural” se torna tan reiterativa que da la clara impresión de que se trata, en este punto, más de propaganda que de educación.

Se nos informó que el Programa está destinado como “guía” a los educadores encargados del mismo y que a los estudiantes se les entregará sólo el Glosario. Sus ambigüedades, son tan notorias, que si pueden ofrecer alguna información, sin duda mucha va a ser la “confusión” que causará a nivel conceptual y moral.

8. Recordando una vez más, que los verdaderos protagonistas de la necesaria educación sexual, son nuestros estudiantes, y que sus Padres son los primeros responsables de la misma, no conviene en absoluto que se les prive de tal derecho. Eso sin embargo va a acontecer si los mismos Padres, de acuerdo a la resolución de la Sala IV, deciden no enviar a sus hijos a esa educación.

Hay pues que atreverse a “re-pensar” el Programa, integrando para poderlo lograr, a actores que reflejen realmente nuestra realidad socio-cultural, y que podamos así ofrecer a nuestros estudiantes un Programa que asegure una educación verdaderamente integral e integradora.

9. Con la convicción de haber cumplido con un imperativo de conciencia y de fidelidad a Cristo, a quien proclamamos, “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14,6) a todos les aseguramos nuestra oración y nuestro afecto de padres y pastores.

Dado en San José, 27 de agosto de2012.

Los Obispos de Costa Rica.

† Óscar Fernández Guillén

Obispo de Puntarenas

Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

† Guillermo Loría Garita

Obispo de San Isidro de El General

Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

† Osvaldo Brenes Álvarez

Obispo de Ciudad Quesada

Secretario General de la ConferenciaEpiscopal de Costa Rica

† José Rafael Quirós Quirós

Obispo de Limón

Tesorero de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

† Hugo Barrantes Ureña

Arzobispo Metropolitano de San José

† Vittorino Girardi Stellin

Obispo de Tilarán-Liberia

† José Francisco Ulloa Rojas

Obispo de Cartago

† Ángel San Casimiro Fernández

Obispo de Alajuela

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Bibliografía

Bourdieu, Pierre. (2006 [1971]) Génesis y estructura del campo religioso. Relaciones, 108, Otoño, Vol. XXVII, pp. 29-83.

Foucault, Michel. (1990). Tecnologías del yo y otros textos afines. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica.

______________. (2005 [1976]). Historia de la sexualidad I: la voluntad de saber. Madrid, España: Editorial Siglo XXI.

Maduro, Otto. (1980) Religión y conflicto social. México: Centro de estudios ecuménicos.

Weber, Max. (2002 [1922]). Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva. Madrid, España: Fondo de Cultura Económica.


[1] Foucault (1990) habla de la existencia de 4 tipos de tecnologías del yo: “1) tecnologías de producción, que nos permiten producir, transformar o manipular cosas; 2) tecnologías de sistemas de signos, que nos permiten utilizar signos, sentidos, símbolos o significaciones; 3) tecnologías de poder, que determinan la conducta de los individuos, los someten a cierto tipo de fines o de dominación, y consisten en una objetivación del sujeto; 4) tecnologías del yo, que permiten a los individuos efectuar, por cuenta propia o con la ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta, o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad” (p. 48).

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